octubre 10, 2007

Breviario Subterráneo

Tres breves relatos subterráneos para hacer de tu vida algo más ligero.

Topsy
Solamente las paredes blancas
Me conocen y me platican
Todas las noches
De todos los que han visto llegar hasta aquí
De cuántos
Y de cuáles

–Cuervo de Poe, Paredes Blancas

La encontré vagando temblorosa por los inmensos corredores. Le gusta escaparse de todo aquello que la atemoriza, pues entre paredes blancas no sólo escucha las voces, sino que también las puede ver.



Misa

Era una iglesia muy popular entre caníbales y vampiros. No les importaba tener que escuchar el aburrido sermón y que el sacerdote les hiciera ver que estaban condenados al infierno, así y todo se veían felices y sonrientes. Su momento favorito era cuando el sacerdote repetía las palabras de Jesús: tomad y comed de mi sangre y de mi cuerpo.



Resolución

Why don’t presidents fight the war?
Why do they always send the poor?
–System of a Down, B.Y.O.B

Los presidentes de las grandes naciones se reunieron para discutir sobre la pobreza a nivel mundial, y cómo erradicarla. Al fin hallaron una solución viable, y dieron comienzo a la Tercera Guerra Mundial.


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agosto 31, 2007

André Breton

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Lo encontré en la calle, en uno de sus vagabundeos. Me atrajo su mirada como perdida y encontrada de una sola vez. Se hallaba de pie, frente a una puerta, en un movimiento interrumpido, casi veía la energía motriz disiparse sobre su traje negro.


–Hola –dije.


–¿Cómo te va? –respondió.


–Soy Jorge y un día haré un cuento de esto.


–Yo lo estoy haciendo ahora mismo.


Luego de una breve despedida, seguí mi camino, y él, el suyo, inmóvil y lleno de hermosa violencia.



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agosto 08, 2007

narrativa zoológica



Rusia

Para la mujer gato

Diferente. Con esa palabra puedo explicar la etapa de mi vida que compartí con ella, pues toda ella lo era. Escribía historias crueles, pero era ella muy dulce y amable, sobre todo con los animales, a quienes prodigaba los mayores cuidados y atenciones. Era pequeña de tamaño, se podría decir que evitaba las gotas de lluvia a su antojo. Su voz era una mezcla de juventud y vejez, en el sentido en que la música es una combinación de ritmo y melodía. Hasta su nombre era diferente: Rusia.

Aunque sólo la vi dos veces, tuvimos contacto por una década. En sus cartas me hablaba del Círculo, un lugar fuera del mundo y fuera de la cultura, a donde ella pasaba sus días. Allí nos encontramos las dos únicas veces que estuvimos materialmente juntos. La primera vez corrimos por el Círculo, alrededor del estanque y las vacas que ahí se alimentaban, evitando pisar los caracoles. Nuestros zapatos y pantalones se cubrieron de lodo. En una pequeña elevación saltamos, queriendo volar.

-¿Te conté cuando creí que era pájaro?

-No -respondí-, cuéntame.

-Una vez que vine al Círculo, yo estaba deprimida. Mal, mal. Y me puse a correr. Siempre que corro imagino que huyo del dolor, pero esa vez, sentí que realmente lo dejaba atrás, que corría más rápido que mi cuerpo y yo no era ya yo. Miré las nubes y los árboles, y unos pájaros pasaron volando. Yo ya no era persona, yo estaba segura de que era pájaro, y cuando corrí en el bordo donde saltamos, agité las manos y traté de volar. Estuve en el aire y sentí deveras que volaba, que yo era pájaro, y me sentí feliz. Nunca me había sentido feliz antes, pero supe que era feliz entonces. Luego, mis pies tocaron el suelo, los pájaros se fueron y yo volví a ser persona. La yo que había dejado atrás me alcanzó y como un golpe todo el dolor regresó.

Rusia guardó silencio y la abracé. La noche caía, las nubes corrían, se elevaban. Me sentí triste, en ese lugar fuera del mundo, en plena urbe. Tomé mis manos y las llevé a las manos de Rusia. Le dije: "vámonos", y nos fuimos.

***

Años pasaron. Nos vimos una vez más. Fuimos al Círculo. Llovía, y nos picaron los moscos. En el agua había un envase de agua embotellada nadando a la deriva como un pez de plástico muerto. Nos detuvimos entre unos árboles que enmarcaban pasto, cerros, nubes y los imaginamos cuadros. Ya oscurecía, y esa imagen era hermosa, con todo y las luces de las casas en la lejanía. "No, no son casas", pensé, "son caracoles luciérnaga. Son enormes, lentos y brillantes".

-Escuché un maullido -dijo.

-¿Dónde?

-Arriba -y levantamos la vista-. En una nube.

Rusia me miró y le dí un beso. Rusia habló sobre la tristeza del mundo. La abracé. Rusia.

Después de un rato, corrimos por el círculo salpicando lodo. En el topecito, Rusia tomó impulso y saltó muy alto, agitando sus manos-alas, alcanzando una bandada de pájaros negros que por ahí pasaba. Después de una hora, me marché a casa. Tuve que aceptar que Rusia no volvería.


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julio 09, 2007

Del arte, el cine y algo más

Vacaciones en Silent Hill



¿Qué define al arte? ¿Qué es arte y qué no es? Y de las respuestas que se puedan dar, ¿cuáles son válidas y cuáles no? En concreto, ¿puede un videojuego ser considerado arte? Evidentemente, si se da una respuesta afirmativa, no todos los juegos cabrían dentro de la categoría de artísticos, como sucede con el cine; hay cine comercial y hay cine de arte, aunque todavía no sé quién define los parámetros ni bajo qué argumentos. ¿Cuál es artístico y cuál no entre los filmes de David Lynch, Mario Bava, Tim Burton, Guillermo del Toro, Wes Craven, Ed Wood o Clive Barker?

Ya concretamente con los videojuegos, la primera vez que experimenté la sensación de que lo que tenía en la pantalla era más que simple entretenimiento fue en 1997, con Final Fantasy VII. Recuerdo perfectamente las emociones que me hizo experimentar en diferentes momentos, conforme se desenvolvía la trama. Odié a Cloud Strife, y más tarde se convirtió en mi héroe. Amé a Aerith, y lloré con su muerte. Compartí la sensación de soledad de Vincent con la aparición fugaz de Lucrecia. Sentí la frustración de Cid cuando relataba su sueño frustrado, y me reí de alegría con él cuando al fin lo logró: ir al espacio exterior. En fin, la historia de este maravilloso juego me ha quedado impresa como sucede con los grandes autores (Edgar Poe, Stendhal, Kundera, Quiroga).

Con ello quiero decir que quien siga viendo con ojos malintencionados, y afirme con Roger Ebert que los videojuegos no son arte, una de dos: que se joda o que se tome el tiempo de conocer algo que critica desde su ignorancia.

En el ámbito de los videojuegos de arte, tenemos la serie Silent Hill, sobre todo en los primeros dos lanzamientos. En el juego original, tomas el papel de Harry Mason, un hombre que viaja con su hija a la ciudad turística Silent Hill, sin saber que estaba entrando a la boca del infierno. Cheryl, la pequeña, se pierde, y Harry debe encontrarla, recorriendo las destruidas calles de una solitaria Silent Hill, inhundada de niebla espesa y copos de nieve que caen a deshora. En el segundo, eres James Sunderland, un hombre atormentado que llega a Silent Hill a buscar a su esposa Mary, pues ha recibido recientemente una carta de ella, indicándole que lo espera allí, en su lugar especial, que podría ser el parque o el hotel; sólo que hay un detalle, Mary hace tres años que está muerta, ¿será posible que esté viva, en Silent Hill?

Hasta allí, no es mucha la diferencia entre ambas historias y una historia promedio dentro de la industria del horror (en cualquier medio). Un hombre buscando respuestas en un escenario solitario y melancólico. La diferencia es lo que se plantea en el modo de lograr los objetivos. Como en muchos juegos, los personajes portan armas y luchan contra monstruos. Pero ni Harry ni James son militares y guerreros entrenados, héroes de acción o versiones idealizadas de lo que cada uno desearíamos ser, como sí lo es Lara Croft de Tomb Raider; ambos, y también Heather de Silent Hill 3, y Henry Townshend de Silent Hill 4: the Room, son algo así como arquetipos retorcidos del ser humano común. Ellos se enfrentan a monstruos sin previa anticipación, y sus armas tendrán que ser improvisadas mientras consiguen algo mejor, si es que eso sucede, además los monstruos no son simples bestias que se arrojan sobre ti a cada momento, sino representaciones de la psique de los personajes.


junio 28, 2007

[Reflexiones en torno a una mesa de cantina preposhumana-Conversando con William Gibson]

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PLANETA KAFKA presenta:

Enfermos como Colin Laney y la idoru Rei Toei:

«Sentirse en casa es más bien estar lo más lejos posible de nuestro Agujero interior.»

«El amor no es un deseo sexual (que también viene en el paquete), sino una apertura real e inicialmente dolorosa del propio corazón.»

«Cuando amamos a alguien comprendemos que el significado habitual de esta palabra ha cambiado, suplantando todo contenido previo.»

...a la manera de Harwood y el hombre del cuchillo:

"Bohemias. Subculturas alternativas. Fueron un aspecto crucial de la civilización industrial de los últimos dos siglos"
(William Gibson. Todas las Fiestas de Mañana. Minotauro, Barcelona, 2002, p. 249)

Pero las subculturas se han extinguido. Necesitaban tiempo y espacio para sobrevivir. No hay ni tiempo ni espacio para nadie. Y fueron devoradas. Comercializadas.

"Creo en lo que nos trae el momento" (Ibídem, p. 250)

No hay un futuro. No hay un plan de vida. Hay un ahora y un quiero. El deseo y lo que lo rodea. Posibilidades. Y toma de decisiones. Y puede haber un declive de todo lo que uno ama, al tomar las sendas equivocadas. Pero lo que sigue siendo cierto es que más nosotros que las circunstancias, nos colocamos en los lugares en donde estamos cada día.

Atraído por la gravedad de su extrañeza, llevo mi vida por un camino que no es nada fácil, donde todo puede ser perdido. Donde todo puede ser ganado. Donde todo puede simplemente ser y no significar/importar/parecer nada.

junio 26, 2007

Otro cuento de un Hada Amorosa



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Una mujer de ensueño






Me encontré de pronto en una especie de oficina. Tomé asiento en un sillón color beige, en el que una mujer ocupaba el extremo izquierdo. Yo me coloqué junto a ella; había una pequeña columna, de poco más de un metro de altura, que impedía a alguien sentarse en el espacio restante. Otra mujer se acercó; la reconocí: era una cantante pop exitosa, a decir de muchos muy bella y talentosa. Me moví lo más que pude a mi derecha para permitirle sentarse, pero ni así tenía espacio suficiente, y lo que hice fue una suerte de acto circense de poca monta: levante mi pierna derecha por encima de la columna, dejándola en medio de mis piernas; a la cantante le dio risa, se sentó, yo miré sus jeans perfectamente ajustados sobre sus torneadas piernas, me miró, y me compartió de su helado. Era de fresa. Puso un poco sobre su dedo índice, y me permitió lamerlo. Mi lengua rozó ligeramente su piel, y mi labio superior su uña. Puso algo más sobre la punta de mi nariz, y con su dedo arrastró una parte a mi boca, y el resto lo untó sobre mi cara como si fuera crema. Me recosté en el sillón, y acerqué mi cabeza hacia la de ella. Su rostro blanco con dorados, su cabello de un falso rubio, y su sonrisa pequeña y roja quedaron frente a mí, y poco después comenzamos a besarnos. Eran besos apasionados, nuestras lenguas se abrazaban, y la saliva fluía de una boca a la otra. Puse la mano sobre su cabello medianamente rizado, y después de algunos besos en ese tono, nos dimos otros en los labios, más tiernos. Me fijé en la pintura de sus labios, que seguían rojos; no se despintaban y supuse que no manchaban; sus labios eran la cosa más hermosa que hubiera visto en mi vida. Sus manos rodearon mi cuello, y regresamos a nuestras muestras más apasionadas. La secretaria me llamaba por mi nombre notablemente irritada; no me estaba llamando más que para que dejáramos la cantante y yo de hacer eso, pero no le hice caso. Le pidió a la mujer que estaba sentada cerca que nos indicara que allí no era lugar para eso. Supuse que era la oficina de alguna escuela, o del DIF, algún lugar donde podría haber niños, así que fingí que no era lo que parecía, sino que sólo nos abrazábamos. No dije nada, pero traté de decirlo con mi mirada, mis gestos y mi actitud, pero la famosa cantante no estuvo de acuerdo, y volvió a arremeter con esos labios que todavía saboreo.

Cuando ella se levantó para alguna cosa, yo me recosté por completo; no sé de dónde salieron las cobijas, y me di cuenta de que no estaba ya en la oficina, sino en mi cama. Le dije que se acercara, y le hice un lugar junto a mí. Vestía un camisón muy sensual, color violeta, y se sentó sobre la cama, y se acostó, y comenzó a llorar. Se recorrió hacia la parte baja de la cama, y yo deseaba consolarla, amarla para siempre. La computadora estaba tocando música, For the love of your eyes, de la banda post-punk de Suecia, the Leather Nun, una canción hermosa y llena de nostalgia, quizá eso la hizo llorar. Pero en realidad pensé que se trató de arrepentimiento: ella, una famosa cantante, dándose de besos y acostándose con un total don nadie, eso seguro que hace llorar a cualquiera. Pero la llamé cerca de mí, con intención de consolarla, y demostrarle que yo podía ser alguien de importancia en su vida; pensaba pedirle que se casara conmigo y que tuviéramos un hijo. ¡Qué ridículo! La canción terminó, y comenzó un diálogo entre dos personas, una entrevista que tenía que transcribir para mi trabajo, y, ¡maldita sea! Eso me despertó, llevándose para siempre a mi amada de ensueño.

Me di cuenta de que durmiendo escuchaba aquella canción, y que sin duda fue la que motivó el sueño. No me atrevía a abrir los ojos para evitar que la aparición de esa cantante desapareciera por completo, pero la entrevista era tan poco poética que me tuve que levantar a quitarla, asesinando casi por completo los últimos segmentos del sueño. Y ahora, a trabajar, la entrevista espera.



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junio 17, 2007

Algunas consideraciones heréticas en torno a Kafka

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De la metamorfosis y carta al padre.

Si acostumbráramos un poco más a la honestidad y un poco menos al esnobismo, nadie se asombraría de la afirmación que daré a continuación: La vida de Kafka es más interesante que sus obras.

Con esto no digo que su obra carezca de valor literario, pero sí digo que tiene el mismo valor que tienen por ejemplo el género epistolar, las memorias y el diario íntimo. La obra de Kafka no puede ser leída separada de la vida de Kafka. No voy a ahondar mucho en esto, sólo tomaré como base dos obras suyas: La metamorfosis y Carta al padre.

Los críticos y biógrafos abundan y enfatizan que esta carta a su padre no era un medio para culparlo, sino lo contrario, para afirmar su inocencia al mismo tiempo que la del propio Franz. Eso es exactamente lo que la carta dice en su texto, y los críticos no han querido analizar esas afirmaciones, acaso por miedo a descubrir que ellos también, como Kafka, como casi todo el mundo, odian a su propio padre (en una proporción más o menos igual a cuanto lo aman, no olvidemos el Edipo ni a Freud).

Yo afirmo que odio a mi padre, y no tengo problemas en penetrar más profundamente el pensamiento kafkiano. Carta al padre dice literalmente: “nunca pienso ni en lo más mínimo en una culpa de tu parte”(1), y en los párrafos siguientes, al autor no hace sino indicar el pero que realmente no hacía falta escribir en la línea anterior. Y ese pero se refiere a la falta de muestras de cariño que el padre tuvo con Kafka.

No hace falta ser un amargado (aunque ayuda un poco) para darse cuenta de cómo fluye el rencor y el odio por las palabras de esta carta. “Me encontraba oprimido”, “tú eras la medida de las cosas”, y otras por el estilo. Hay una particularmente, “Sin conocerle (habla del artista Löwy), le comparabas de una forma horrorosa, que yo ya he olvidado, con bichos, y que a menudo tenías automáticamente dispuesto, para gente que yo quería, el refrán de los perros y las moscas”(2). ¿No es esto una muestra clara del germen del que surgiría La metamorfosis?

El padre convertía en un insecto a todo aquello que le parecía inferior a él, o que lo amenazaban quizás, entre ellos a los amigos de Kafka. Él era igual que sus amigos, y ante la mirada paterna no era otra cosa que un bicho, un bicho raro, pero al que nadie nota. Samsa y Kafka es lo mismo.


De Kafka humano.

Yo no admiro a Kafka. Yo no creo que haya sido un autor brillante. Tampoco, y menos aún, un humano excepcional. Era un pusilánime cobarde, que nunca se atrevió a contradecir a su padre.

Réplica: Ningún ser humano es capaz de permitir la absoluta dominación del otro. Podemos dejar que alcance niveles extremos, nunca eternos. Kafka no fue, aunque lo aparentaba muy bien, la excepción. Él mismo creyó que lo era. En su carta al padre viene este estremecedor reclamo: “me negaste la palabra”(3). Se refiere a que cuando el padre hablaba el hijo debía callar, nunca replicar. ¿Qué decía el padre? Se trata de los regaños, insultos y violencias que ejercía contra el joven Kafka. Y él callaba, incapaz de ejercer una defensa. Pero su padre no le negó la palabra, le negó el habla. Kafka enmudecía en presencia del padre, pero gritaba cuando escribía, especialmente esa carta al padre.

La obra de Kafka, al menos en un principio, más que todas las cosas es una réplica a la voz dominante de su padre. Una autoafirmación de lo que soy, lo que quieres que sea, y lo que espero.

Un día Franz Kafka despertó convertido en un repugnante insecto ante la mirada acusadora de su padre. Pero Kafka no se iba a quedar conforme, tenía que vengarse, arrancar aquel excesivo poder que lo oprimía. Su venganza fue bajar a su padre hasta su propio nivel de condenado: “el excluyente sentimiento de culpabilidad del niño (del niño Kafka) ha sido sustituido por la visión de nuestro mutuo desamparo”(4).


Referencias bibliográficas:
(1)Franz Kafka. Carta al padre / Meditaciones y otras obras. EDIMAT Libros. Madrid, 2003. p. 54.
(2)Ibídem. p. 59.
(3)Ibídem. p. 62.
(4)Id.


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mayo 26, 2007

Dos poemas

Carmín Alma

Caminando a tropiezos
perdiéndose de las tardes
con la voz de terremoto
y va cayendo total
mente cansada
hacia lo marginal de los silencios.
De haberse marchado
y sin manchar sus manos
la sangre
sería hoy sólo un carmín.
Entre los silencios
que no hacen
eco en la memoria
del olvidadizo hombre
de un pasado mejor
y más ligero
como una alma en vuelo
y de nubes y gota de tormenta.
Duerme el hombre todo
arista tras arista
hueco lleno de cansancio
y cuestionándose
sin boca
con los ojos negros
sobre la tristeza que cae
gota a gota
en un charco de sus sueños.




Árboles

los árboles
que cuelgan de t
u
pecho yo me
oculto en s
u
sombría
frescura
que no deja que e
l
sol caiga
sobre
m
i
cabeza y
la sangre
hierve olor
a
sal


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