noviembre 22, 2007

Contra_Pascal

(Subtítulo: ...y algunos otros)


Recientemente visité el blog del maestro Bernardo Ruíz (ruix.blogspot.com), y en la entrada más reciente (sobre los narradores) dejé un pequeño comentario, con un poco de veneno.

El Ruíz escribe un poco sobre la importancia que puede tener un taller literario, cuando éste no se convierte en un club de elogios mutuos, y yo, con mi acostumbrado poco tacto y exacerbación de Anima y Sombra (ver. Jung y sus amigos: El hombre y sus símbolos), pregunté si acaso lo decía por el taller que coordina (o algo) el señor H. Pacal, el taller de los Goliardos, ese grupo de onanistas que se devuelven el favor. Sólo era un comentario un tanto insulso, pero lleno de profundidad, y mi maestro Bernardo tuvo al amable gesto de dedicarme unas breves palabras, instándome a escribir una diatriba (crítica violenta) contra Pascal, con la base de que él, Ruíz, no está en contra de atacar así, de frente, duro y al cerebro.

Una larga diatriba es algo bastante penoso para mí, pues carezco de la objetividad que el caso requiere, pero siendo la subjetividad lo más objetivo que hay en este pequeño mundo, seré subjetivo, e intentaré hacer algo al respecto.

En el subtítulo de esta entrada digo que el ataque va, también, contra algunos otros; en especial, contra Alfonso Franco, ese genio incomprendido, adorado por los darkies de fácil adoración y elogio ligero. No es casualidad que el propio Franco terminara escribiendo una sección literaria en el pasquín DARK, que se vende a precio de revista cada mes (un fraude, pero quien lo pague, se lo merece), y que contempla diversos ámbitos de la llamada escena oscura, o Goth - Death Rock como anuncian sus titulares.

Veamos que dice Pascal de este pupilo suyo:

"Alfonso Franco, uno de los autores más talentosos de su generación (y yo decía que los darkies, darketos, góticos o como quieras llamarlos tú, eran de elogio ligero) ... ha logrado lo que pocos narradores de las últimas décadas en lengua castellana pudieran alcanzar: una renovación de los géneros". Los paréntesis son míos, evidentemente.

Es curioso leer esto, pues se parece mucho a los comentarios que el mismo Pascal hace con respecto a varios otros escritorsuelos, como Juan Hernández Luna, Elizabeth Soriano, Ana Soto, Mauricio López, et al, todos ellos salidos del mismo taller que Franco, y que casualmente es el mismo que Pascal coordina. Y es también muy parecido a los elogios que da a personalidades más importantes, como GH Porcayo, Armando Vega-Gil, Taibo II. (Para más comentarios de esta clase, lea, pero no diga que no se lo advertí, el libelo: Creaturas del Abismo, de Goliardos y Azoth, en asociación con el IPN -que demuestra otra vez no tener la menor noción de lo que es literatura- y la Universidad del Altiplano).

Veamos algunas anécdotas.

Cierta persona, a quien llamaré Christiana Walz, participó un tiempo en ese taller. Un día llega Pascal y lee algunos fragmentos poéticos que dejaron asombrados a todos, incluído el vapuleado Alfonso Franco. Pascal preguntó si sabían qué era eso, pero nadie respondió. Cuando Pascal iba a comenzar a discurrir, Christiana Walz levantó la voz, y dio la ficha técnica, palabras más palabras menos dijo: es Mario Benedetti, y se trata del poema tal, que apareció en tal libro originalmente. No recuerdo los datos específicos, no es algo que me importara mucho en ese momento, y como hace dos años que no hablo con Christiana Walz, y casi tres que no hablo con ella de temas literarios, los nombres y números se han desvanecido de mi cabeza.

Pascal, poco después, sacó a Christiana Walz de su taller, al considerarla demasiado técnica y poco apasionada (muy borgiana, quizás), y más que una escritora, una enciclopedia (muy borgiana, quizás). Christiana Walz estaba más que contenta de abandonar a Gorgias, digo, a Pascal, para ingresar en el taller de Alberto Chimal. Las diferencias son notables.

Mi caso particular es gracioso. Pascal se enojó mucho, creo que tuvo un paro cardiorespiratorio mientras hablábamos. Le mencioné la plaqueta de Goliardos donde aparecieron textos de Poppy Z. Brite, y le hice ver que ella es mejor escritora que cualquiera de los chicos de su taller. Carente de argumentos (al menos, no los mostró), defendió a capa y espada a sus azothados muchachos, pues la Poppy, como tampoco Christa Faust o Kevin Andrew Murphy, ha publicado nunca ni en Azoth ni en Goliardos texto salido del taller pascaliano. Y dijo, además, que sus muchachos pueden competir con cualquier autor del mundo (a los que llamé internacionales, por ser leídos en países diferentes al suyo propio, en contraste con los autores locales, que sólo son leídos en el Tianguis Cultural del Chopo).

Había pensado en entrar a su taller, pero como no estaba dispuesto a elogiar cosas cuestionables, la cultura nacional es demasiado onanista y eso me causa arcadas, no me fue permitido ni siquiera permanecer en la lista de correo electrónico del taller, donde a los pocos días de ingresar fui banneado (es decir, borrado), con el pretexto de que dije una blasfemia; a saber: no hay escritores novedosos, todo ha sido dicho ya, lo importante no es ser novedoso, sino ser interesante, decir lo mismo pero de un modo que resulte atractivo. Pero claro, los de Goliardos y los de Azoth SÍ son novedosos y originales, y yo no pude verlo. Mea Culpa.
Lo anterior no es exclusivo de este grupo (ni en eso resultaron originales). El onanismo es una práctica común entre los "artistas" de nuestra tradición hispano y latinoamericana. Recordemos el caso de Octavio Paz y sus seguidores (pues no tuvo amigos, cosa bien sabida, sino servidores). Y, más recientemente, con García Márquez: en la edición que conmemora 40 años de la publicación de Cien años de soledad, podemos leer textos de Álvaro Mutis y Carlos Fuentes (entre otros) que se dedican exclusivamente a brindar elogios fáciles y "correctos" a la obra del Gabo... o más bien, a su persona.

Después de todo el veneno, diré la crítica constructiva: el problema con estos escritores (los de Pascal) es que se empeñan en relatar historias demasiado oscuras, con mucha sangre, robots, vampiros, mujeres fatales, sexo, hadas y demás fauna. No que eso esté mal; en absoluto lo está. No obstante, la verdadera literatura es la que emerge de la coherencia del autor con su deseo (llamémosle así, deseo), su deseo de escribir. Si no se escribe lo que realmente se QUIERE escribir, se corre el riesgo de hacer relatos por encargo o por obligación. Sólo porque entre los góticos esté de moda el negro y los chupadores de sangre, no significa que debas seguir el mismo camino, total, Poe, Lovecraft, Stocker y unos más, ya lo agotaron, pues hay muchos más lectores además de los quinceañeros jugadores de Vampiro la Mascarada. Y no a todos los que nos gusta la fantasía nos enloquece Tolkien, por ejemplo (yo particularmente prefero a Margaret Weis, Tracy Hickman y Tad Williams.), ni a los que nos agradan los vampiros nos mata Anne Rice (yo prefiero a la Poppy Z. Brite, a Sheridan Le Fanu y Thomas Presckett). Claro que escribir temas siniestros es una garantía de que serán leídos y apreciados por cierto púbico, y eso está perfecto si se busca el éxito inmediato y estable. Si lo que se busca es hacer literatura, otro será el rumbo que ha de tomarse. Pregúntenle a Harry Potter.

La literatura, se quiera o no, en México, se encuentra estancada. Los escritores importantes (no los mafiosos, ni los izquierdosos, sino los otros), son los mismos de hace varias décadas: RAF (otro de mis maestros), José Agustín (no estoy seguro de que me siga gustando), Marco Antonio Campos, Bernardo Ruiz, y un puñado más. No hay nuevas propuestas, y lo peor es que parece que, como en el rock, no parece que se pueda generar un cambio en lo próximo. Lo mejor será, como en el rock, hurgar en el subterráneo. Digo, en el de verdad: no en el Chopo, sino en las calles, en los burdeles, en los bares de mala muerte, en los cafés de Lomas de san Lorenzo (allí donde hubo agrietamientos), en los billares donde sobre las mesas hay paquetes de mariguana, en la calle de Delicias.

La pregunta es, ¿habrá algún valiente, en alguna editorial, que se atreva a explorar esos siniestros laberintos, plagados de fantasmas? O, si quieren, lo pongo más fácil: ¿alguien quiere publicar mis obras? Ni siquiera tienen que venir a buscarme, yo voy, yo salgo de esta peligrosa colonia.

octubre 10, 2007

Breviario Subterráneo

Tres breves relatos subterráneos para hacer de tu vida algo más ligero.

Topsy
Solamente las paredes blancas
Me conocen y me platican
Todas las noches
De todos los que han visto llegar hasta aquí
De cuántos
Y de cuáles

–Cuervo de Poe, Paredes Blancas

La encontré vagando temblorosa por los inmensos corredores. Le gusta escaparse de todo aquello que la atemoriza, pues entre paredes blancas no sólo escucha las voces, sino que también las puede ver.



Misa

Era una iglesia muy popular entre caníbales y vampiros. No les importaba tener que escuchar el aburrido sermón y que el sacerdote les hiciera ver que estaban condenados al infierno, así y todo se veían felices y sonrientes. Su momento favorito era cuando el sacerdote repetía las palabras de Jesús: tomad y comed de mi sangre y de mi cuerpo.



Resolución

Why don’t presidents fight the war?
Why do they always send the poor?
–System of a Down, B.Y.O.B

Los presidentes de las grandes naciones se reunieron para discutir sobre la pobreza a nivel mundial, y cómo erradicarla. Al fin hallaron una solución viable, y dieron comienzo a la Tercera Guerra Mundial.


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agosto 31, 2007

André Breton

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Lo encontré en la calle, en uno de sus vagabundeos. Me atrajo su mirada como perdida y encontrada de una sola vez. Se hallaba de pie, frente a una puerta, en un movimiento interrumpido, casi veía la energía motriz disiparse sobre su traje negro.


–Hola –dije.


–¿Cómo te va? –respondió.


–Soy Jorge y un día haré un cuento de esto.


–Yo lo estoy haciendo ahora mismo.


Luego de una breve despedida, seguí mi camino, y él, el suyo, inmóvil y lleno de hermosa violencia.



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agosto 08, 2007

narrativa zoológica



Rusia

Para la mujer gato

Diferente. Con esa palabra puedo explicar la etapa de mi vida que compartí con ella, pues toda ella lo era. Escribía historias crueles, pero era ella muy dulce y amable, sobre todo con los animales, a quienes prodigaba los mayores cuidados y atenciones. Era pequeña de tamaño, se podría decir que evitaba las gotas de lluvia a su antojo. Su voz era una mezcla de juventud y vejez, en el sentido en que la música es una combinación de ritmo y melodía. Hasta su nombre era diferente: Rusia.

Aunque sólo la vi dos veces, tuvimos contacto por una década. En sus cartas me hablaba del Círculo, un lugar fuera del mundo y fuera de la cultura, a donde ella pasaba sus días. Allí nos encontramos las dos únicas veces que estuvimos materialmente juntos. La primera vez corrimos por el Círculo, alrededor del estanque y las vacas que ahí se alimentaban, evitando pisar los caracoles. Nuestros zapatos y pantalones se cubrieron de lodo. En una pequeña elevación saltamos, queriendo volar.

-¿Te conté cuando creí que era pájaro?

-No -respondí-, cuéntame.

-Una vez que vine al Círculo, yo estaba deprimida. Mal, mal. Y me puse a correr. Siempre que corro imagino que huyo del dolor, pero esa vez, sentí que realmente lo dejaba atrás, que corría más rápido que mi cuerpo y yo no era ya yo. Miré las nubes y los árboles, y unos pájaros pasaron volando. Yo ya no era persona, yo estaba segura de que era pájaro, y cuando corrí en el bordo donde saltamos, agité las manos y traté de volar. Estuve en el aire y sentí deveras que volaba, que yo era pájaro, y me sentí feliz. Nunca me había sentido feliz antes, pero supe que era feliz entonces. Luego, mis pies tocaron el suelo, los pájaros se fueron y yo volví a ser persona. La yo que había dejado atrás me alcanzó y como un golpe todo el dolor regresó.

Rusia guardó silencio y la abracé. La noche caía, las nubes corrían, se elevaban. Me sentí triste, en ese lugar fuera del mundo, en plena urbe. Tomé mis manos y las llevé a las manos de Rusia. Le dije: "vámonos", y nos fuimos.

***

Años pasaron. Nos vimos una vez más. Fuimos al Círculo. Llovía, y nos picaron los moscos. En el agua había un envase de agua embotellada nadando a la deriva como un pez de plástico muerto. Nos detuvimos entre unos árboles que enmarcaban pasto, cerros, nubes y los imaginamos cuadros. Ya oscurecía, y esa imagen era hermosa, con todo y las luces de las casas en la lejanía. "No, no son casas", pensé, "son caracoles luciérnaga. Son enormes, lentos y brillantes".

-Escuché un maullido -dijo.

-¿Dónde?

-Arriba -y levantamos la vista-. En una nube.

Rusia me miró y le dí un beso. Rusia habló sobre la tristeza del mundo. La abracé. Rusia.

Después de un rato, corrimos por el círculo salpicando lodo. En el topecito, Rusia tomó impulso y saltó muy alto, agitando sus manos-alas, alcanzando una bandada de pájaros negros que por ahí pasaba. Después de una hora, me marché a casa. Tuve que aceptar que Rusia no volvería.


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julio 09, 2007

Del arte, el cine y algo más

Vacaciones en Silent Hill



¿Qué define al arte? ¿Qué es arte y qué no es? Y de las respuestas que se puedan dar, ¿cuáles son válidas y cuáles no? En concreto, ¿puede un videojuego ser considerado arte? Evidentemente, si se da una respuesta afirmativa, no todos los juegos cabrían dentro de la categoría de artísticos, como sucede con el cine; hay cine comercial y hay cine de arte, aunque todavía no sé quién define los parámetros ni bajo qué argumentos. ¿Cuál es artístico y cuál no entre los filmes de David Lynch, Mario Bava, Tim Burton, Guillermo del Toro, Wes Craven, Ed Wood o Clive Barker?

Ya concretamente con los videojuegos, la primera vez que experimenté la sensación de que lo que tenía en la pantalla era más que simple entretenimiento fue en 1997, con Final Fantasy VII. Recuerdo perfectamente las emociones que me hizo experimentar en diferentes momentos, conforme se desenvolvía la trama. Odié a Cloud Strife, y más tarde se convirtió en mi héroe. Amé a Aerith, y lloré con su muerte. Compartí la sensación de soledad de Vincent con la aparición fugaz de Lucrecia. Sentí la frustración de Cid cuando relataba su sueño frustrado, y me reí de alegría con él cuando al fin lo logró: ir al espacio exterior. En fin, la historia de este maravilloso juego me ha quedado impresa como sucede con los grandes autores (Edgar Poe, Stendhal, Kundera, Quiroga).

Con ello quiero decir que quien siga viendo con ojos malintencionados, y afirme con Roger Ebert que los videojuegos no son arte, una de dos: que se joda o que se tome el tiempo de conocer algo que critica desde su ignorancia.

En el ámbito de los videojuegos de arte, tenemos la serie Silent Hill, sobre todo en los primeros dos lanzamientos. En el juego original, tomas el papel de Harry Mason, un hombre que viaja con su hija a la ciudad turística Silent Hill, sin saber que estaba entrando a la boca del infierno. Cheryl, la pequeña, se pierde, y Harry debe encontrarla, recorriendo las destruidas calles de una solitaria Silent Hill, inhundada de niebla espesa y copos de nieve que caen a deshora. En el segundo, eres James Sunderland, un hombre atormentado que llega a Silent Hill a buscar a su esposa Mary, pues ha recibido recientemente una carta de ella, indicándole que lo espera allí, en su lugar especial, que podría ser el parque o el hotel; sólo que hay un detalle, Mary hace tres años que está muerta, ¿será posible que esté viva, en Silent Hill?

Hasta allí, no es mucha la diferencia entre ambas historias y una historia promedio dentro de la industria del horror (en cualquier medio). Un hombre buscando respuestas en un escenario solitario y melancólico. La diferencia es lo que se plantea en el modo de lograr los objetivos. Como en muchos juegos, los personajes portan armas y luchan contra monstruos. Pero ni Harry ni James son militares y guerreros entrenados, héroes de acción o versiones idealizadas de lo que cada uno desearíamos ser, como sí lo es Lara Croft de Tomb Raider; ambos, y también Heather de Silent Hill 3, y Henry Townshend de Silent Hill 4: the Room, son algo así como arquetipos retorcidos del ser humano común. Ellos se enfrentan a monstruos sin previa anticipación, y sus armas tendrán que ser improvisadas mientras consiguen algo mejor, si es que eso sucede, además los monstruos no son simples bestias que se arrojan sobre ti a cada momento, sino representaciones de la psique de los personajes.


junio 28, 2007

[Reflexiones en torno a una mesa de cantina preposhumana-Conversando con William Gibson]

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PLANETA KAFKA presenta:

Enfermos como Colin Laney y la idoru Rei Toei:

«Sentirse en casa es más bien estar lo más lejos posible de nuestro Agujero interior.»

«El amor no es un deseo sexual (que también viene en el paquete), sino una apertura real e inicialmente dolorosa del propio corazón.»

«Cuando amamos a alguien comprendemos que el significado habitual de esta palabra ha cambiado, suplantando todo contenido previo.»

...a la manera de Harwood y el hombre del cuchillo:

"Bohemias. Subculturas alternativas. Fueron un aspecto crucial de la civilización industrial de los últimos dos siglos"
(William Gibson. Todas las Fiestas de Mañana. Minotauro, Barcelona, 2002, p. 249)

Pero las subculturas se han extinguido. Necesitaban tiempo y espacio para sobrevivir. No hay ni tiempo ni espacio para nadie. Y fueron devoradas. Comercializadas.

"Creo en lo que nos trae el momento" (Ibídem, p. 250)

No hay un futuro. No hay un plan de vida. Hay un ahora y un quiero. El deseo y lo que lo rodea. Posibilidades. Y toma de decisiones. Y puede haber un declive de todo lo que uno ama, al tomar las sendas equivocadas. Pero lo que sigue siendo cierto es que más nosotros que las circunstancias, nos colocamos en los lugares en donde estamos cada día.

Atraído por la gravedad de su extrañeza, llevo mi vida por un camino que no es nada fácil, donde todo puede ser perdido. Donde todo puede ser ganado. Donde todo puede simplemente ser y no significar/importar/parecer nada.

junio 26, 2007

Otro cuento de un Hada Amorosa



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Una mujer de ensueño






Me encontré de pronto en una especie de oficina. Tomé asiento en un sillón color beige, en el que una mujer ocupaba el extremo izquierdo. Yo me coloqué junto a ella; había una pequeña columna, de poco más de un metro de altura, que impedía a alguien sentarse en el espacio restante. Otra mujer se acercó; la reconocí: era una cantante pop exitosa, a decir de muchos muy bella y talentosa. Me moví lo más que pude a mi derecha para permitirle sentarse, pero ni así tenía espacio suficiente, y lo que hice fue una suerte de acto circense de poca monta: levante mi pierna derecha por encima de la columna, dejándola en medio de mis piernas; a la cantante le dio risa, se sentó, yo miré sus jeans perfectamente ajustados sobre sus torneadas piernas, me miró, y me compartió de su helado. Era de fresa. Puso un poco sobre su dedo índice, y me permitió lamerlo. Mi lengua rozó ligeramente su piel, y mi labio superior su uña. Puso algo más sobre la punta de mi nariz, y con su dedo arrastró una parte a mi boca, y el resto lo untó sobre mi cara como si fuera crema. Me recosté en el sillón, y acerqué mi cabeza hacia la de ella. Su rostro blanco con dorados, su cabello de un falso rubio, y su sonrisa pequeña y roja quedaron frente a mí, y poco después comenzamos a besarnos. Eran besos apasionados, nuestras lenguas se abrazaban, y la saliva fluía de una boca a la otra. Puse la mano sobre su cabello medianamente rizado, y después de algunos besos en ese tono, nos dimos otros en los labios, más tiernos. Me fijé en la pintura de sus labios, que seguían rojos; no se despintaban y supuse que no manchaban; sus labios eran la cosa más hermosa que hubiera visto en mi vida. Sus manos rodearon mi cuello, y regresamos a nuestras muestras más apasionadas. La secretaria me llamaba por mi nombre notablemente irritada; no me estaba llamando más que para que dejáramos la cantante y yo de hacer eso, pero no le hice caso. Le pidió a la mujer que estaba sentada cerca que nos indicara que allí no era lugar para eso. Supuse que era la oficina de alguna escuela, o del DIF, algún lugar donde podría haber niños, así que fingí que no era lo que parecía, sino que sólo nos abrazábamos. No dije nada, pero traté de decirlo con mi mirada, mis gestos y mi actitud, pero la famosa cantante no estuvo de acuerdo, y volvió a arremeter con esos labios que todavía saboreo.

Cuando ella se levantó para alguna cosa, yo me recosté por completo; no sé de dónde salieron las cobijas, y me di cuenta de que no estaba ya en la oficina, sino en mi cama. Le dije que se acercara, y le hice un lugar junto a mí. Vestía un camisón muy sensual, color violeta, y se sentó sobre la cama, y se acostó, y comenzó a llorar. Se recorrió hacia la parte baja de la cama, y yo deseaba consolarla, amarla para siempre. La computadora estaba tocando música, For the love of your eyes, de la banda post-punk de Suecia, the Leather Nun, una canción hermosa y llena de nostalgia, quizá eso la hizo llorar. Pero en realidad pensé que se trató de arrepentimiento: ella, una famosa cantante, dándose de besos y acostándose con un total don nadie, eso seguro que hace llorar a cualquiera. Pero la llamé cerca de mí, con intención de consolarla, y demostrarle que yo podía ser alguien de importancia en su vida; pensaba pedirle que se casara conmigo y que tuviéramos un hijo. ¡Qué ridículo! La canción terminó, y comenzó un diálogo entre dos personas, una entrevista que tenía que transcribir para mi trabajo, y, ¡maldita sea! Eso me despertó, llevándose para siempre a mi amada de ensueño.

Me di cuenta de que durmiendo escuchaba aquella canción, y que sin duda fue la que motivó el sueño. No me atrevía a abrir los ojos para evitar que la aparición de esa cantante desapareciera por completo, pero la entrevista era tan poco poética que me tuve que levantar a quitarla, asesinando casi por completo los últimos segmentos del sueño. Y ahora, a trabajar, la entrevista espera.



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junio 17, 2007

Algunas consideraciones heréticas en torno a Kafka

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De la metamorfosis y carta al padre.

Si acostumbráramos un poco más a la honestidad y un poco menos al esnobismo, nadie se asombraría de la afirmación que daré a continuación: La vida de Kafka es más interesante que sus obras.

Con esto no digo que su obra carezca de valor literario, pero sí digo que tiene el mismo valor que tienen por ejemplo el género epistolar, las memorias y el diario íntimo. La obra de Kafka no puede ser leída separada de la vida de Kafka. No voy a ahondar mucho en esto, sólo tomaré como base dos obras suyas: La metamorfosis y Carta al padre.

Los críticos y biógrafos abundan y enfatizan que esta carta a su padre no era un medio para culparlo, sino lo contrario, para afirmar su inocencia al mismo tiempo que la del propio Franz. Eso es exactamente lo que la carta dice en su texto, y los críticos no han querido analizar esas afirmaciones, acaso por miedo a descubrir que ellos también, como Kafka, como casi todo el mundo, odian a su propio padre (en una proporción más o menos igual a cuanto lo aman, no olvidemos el Edipo ni a Freud).

Yo afirmo que odio a mi padre, y no tengo problemas en penetrar más profundamente el pensamiento kafkiano. Carta al padre dice literalmente: “nunca pienso ni en lo más mínimo en una culpa de tu parte”(1), y en los párrafos siguientes, al autor no hace sino indicar el pero que realmente no hacía falta escribir en la línea anterior. Y ese pero se refiere a la falta de muestras de cariño que el padre tuvo con Kafka.

No hace falta ser un amargado (aunque ayuda un poco) para darse cuenta de cómo fluye el rencor y el odio por las palabras de esta carta. “Me encontraba oprimido”, “tú eras la medida de las cosas”, y otras por el estilo. Hay una particularmente, “Sin conocerle (habla del artista Löwy), le comparabas de una forma horrorosa, que yo ya he olvidado, con bichos, y que a menudo tenías automáticamente dispuesto, para gente que yo quería, el refrán de los perros y las moscas”(2). ¿No es esto una muestra clara del germen del que surgiría La metamorfosis?

El padre convertía en un insecto a todo aquello que le parecía inferior a él, o que lo amenazaban quizás, entre ellos a los amigos de Kafka. Él era igual que sus amigos, y ante la mirada paterna no era otra cosa que un bicho, un bicho raro, pero al que nadie nota. Samsa y Kafka es lo mismo.


De Kafka humano.

Yo no admiro a Kafka. Yo no creo que haya sido un autor brillante. Tampoco, y menos aún, un humano excepcional. Era un pusilánime cobarde, que nunca se atrevió a contradecir a su padre.

Réplica: Ningún ser humano es capaz de permitir la absoluta dominación del otro. Podemos dejar que alcance niveles extremos, nunca eternos. Kafka no fue, aunque lo aparentaba muy bien, la excepción. Él mismo creyó que lo era. En su carta al padre viene este estremecedor reclamo: “me negaste la palabra”(3). Se refiere a que cuando el padre hablaba el hijo debía callar, nunca replicar. ¿Qué decía el padre? Se trata de los regaños, insultos y violencias que ejercía contra el joven Kafka. Y él callaba, incapaz de ejercer una defensa. Pero su padre no le negó la palabra, le negó el habla. Kafka enmudecía en presencia del padre, pero gritaba cuando escribía, especialmente esa carta al padre.

La obra de Kafka, al menos en un principio, más que todas las cosas es una réplica a la voz dominante de su padre. Una autoafirmación de lo que soy, lo que quieres que sea, y lo que espero.

Un día Franz Kafka despertó convertido en un repugnante insecto ante la mirada acusadora de su padre. Pero Kafka no se iba a quedar conforme, tenía que vengarse, arrancar aquel excesivo poder que lo oprimía. Su venganza fue bajar a su padre hasta su propio nivel de condenado: “el excluyente sentimiento de culpabilidad del niño (del niño Kafka) ha sido sustituido por la visión de nuestro mutuo desamparo”(4).


Referencias bibliográficas:
(1)Franz Kafka. Carta al padre / Meditaciones y otras obras. EDIMAT Libros. Madrid, 2003. p. 54.
(2)Ibídem. p. 59.
(3)Ibídem. p. 62.
(4)Id.


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