Para no hacer la historia larga,
sólo diré que cada año debo ir a una revisión en el hospital de traumatología
de Lomas Verdes. Uno no está exento de tener olvidos, así que la única vez que
dejé pasar mi cita y traté de reprogramarla, me enfrenté con el infierno
burocrático del seguro social mexicano (ni en una ficción kafkiana sería tan
perfecto y tan terrible): debía solicitar un pase en el hospital de zona, pero
para obtener ese pase debía acudir antes a la clínica de mi localidad. En la
clínica debía solicitar una cita para consulta, en la cual la doctora me tendría
que valorar para poder enviarme al hospital de zona; los trámites para
conseguir esa primera cita eran más complicados que los que le pedirían a un
ex-convicto noruego naturalizado mexicano, para adoptar a una niña de cinco
años en Tamaulipas; pero qué remedio, tenía que hacerlo o resignarme a terminar
en una silla de ruedas.
En la ventanilla de recepción del carnet
me indicaron que debía ir a al archivo a solicitar mi expediente, en el archivo
me dijeron que debía ir a la oficina de gobierno a que me autorizaran la
solicitud de archivo, en gobierno me enviaron de nuevo a la primera ventanilla
para solicitar el sello de vigencia del carnet, y entre vuelta y vuelta alcancé
a ver una dorada cabellera. Sí, estaba seguro, se trataba de Yareli, una
antigua novia de secundaria.
Mientras esperaba a que la fila del
archivo avanzara, me hundí en los recuerdos: después de la fractura y una
temporada en el hospital y luego en cama pero ya en casa, regresé a la escuela.
Usar muletas era un martirio para un niño de trece años, pero tenía su lado
bueno: los lunes tenía permiso de saltarme los honores a la bandera porque el
médico me había prohibido permanecer de pie más de quince minutos, además,
siempre podía disfrutar de la compañía de Yareli, a quien el director enviaba a
que me acompañara en el aula mientras el resto de la escuela cantaba himnos y
juramentos en los que no creían.
Pues sí, mi primera relación sexual fue en
el aula, con Yareli. No sé cómo me las arreglé, pero ahí estábamos, encima del
escritorio. Resultó terrible, y ambos nos sentíamos ridículos, pero al mismo
tiempo era satisfactorio saber que ya no éramos uno novatos en el amor carnal.
Y cada lunes a partir de entonces y hasta graduarnos, repetimos la sesión y nos
volvimos unos expertos. Después de la graduación, Yareli terminó conmigo, pues
su familia se mudaba a Querétaro o Guanajuato, alguno de ésos.
Y ahora está ahí, en la misma sala que yo,
esperando su consulta, seguramente. ¿Cuándo habrá vuelto a la ciudad? Pienso
que me acercaré a saludarla, ¿me reconocerá? Pero no sé qué decirle. Hola, cómo
te va, me va bien, y a ti, también. Me preguntará a qué me dedico, y le diré
que soy promotor cultural y que tengo un taller de creación literaria, eso le
parecerá poca cosa, seguro. Entonces le diré que también soy escritor, y me
preguntará cuánto gano con mis cuentos y artículos, y le diré que con algunos
nada, y con otros, muy poco. Y mientras camino y paso detrás de ella, para
entregar un documento a la ventana correspondiente, sé que ella recordará lo
que decían nuestros profesores acerca de mí y del gran futuro que tenía delante
y pensará que defraudé a todos, y no podrá entender lo importante que es la
escritura para mí, que no se trata del dinero; no lo comprenderá porque es
mexicana y casi todos los mexicanos tienen la idea de que lo más importante en
la vida de uno es ser exitoso y ser exitoso para la mayoría significa tener un
empleo muy bien remunerado, tener una casa, estar casado y con hijos y perros y
carros, una hipoteca, una amante, vacaciones en Acapulco o Cancún o fuera del
país según lo bien remunerado del trabajo de uno, y todas esas cosas que a mí
nunca me interesaron, excepto tal vez por la amante.
Cuando la gobernadora ha colocado su firma
sobre mi papel, pienso que quizá estoy siendo injusto: nada me garantiza que
Yareli sea una mujer frívola, tal vez ella sea capaz de interesarse por algo
más que telenovelas y los gramos que gana o pierde según lo que come y las
visitas al gimnasio. Sí, después de todo ella era una de las alumnas más listas
de la escuela, y nos entendíamos bien cuando éramos unos escuincles llenos de
hormonas y energías para ser utilizadas. Entonces le hablaré, la saludaré, le
preguntaré si vive por aquí, platicaré un rato con ella y quizá espere a que
salga de su consulta, o le pediré que me espere ella, según, y podremos tomar
un café en la cafetería de la clínica. Sí, eso haré.
Me acerco a su silla, pero Yareli ya no
está ahí. Tal vez vuelva a verla por aquí la próxima vez que tenga que
solicitar una nueva cita.
Gerhard Richter (Ger) Gegenüberstellung 3 Confrontation 3 1988
He despilfarrado tres juventudes. Me queda una.
Para esta última tengo un plan de acción:
La marcha, el grito, la pinta,
la protesta, la consigna, el rencor...
Porque cuando esté viejo
quiero estar limpio y quiero estar en paz.
En paz con mis libros, con mis discos.
En paz con mis amigos y con el mundo.
En paz
y sin enemigos.
Era casi media noche. La luna estaba alta
en el cielo. El hombre ilustrado no se movía. Yo había visto lo quehabía que ver. Los cuentos habían sido
contados. Habían concluido.
—Ray Bradbury; El hombre ilustrado
Ray
Bradbury, ícono de la literatura norteamericana, que hizo popular los géneros
de la Ciencia Ficción, el Fantástico y el Terror, en libros como Crónicas
marcianas y La feria de las tinieblas, falleció en Los Ángeles, el pasado 5 de
junio, a los 91 años de edad, según informó su editorial en Estados Unidos,
HarperCollins.
Con más de 500 títulos en su haber, donde
se cuentan obras tan exitosas como Fahrenheit 451, novela considerada clásica
dentro del género, en la cual se muestra la vida de una sociedad futura y su
relación con la censura, El hombre ilustrado, volumen de cuentos fantásticos
que abarcan las diversas temáticas que abarca el general de su obra, La feria
de las tinieblas, novela de fantasía oscura que plantea algunas cuestiones
sobre la infancia y la edad adulta, la amistad y la lealtad, entre muchas otras
obras.
Para acercarse a la fascinante obra de
este autor, a quien el propio Borges reconoció como uno de los más
sobresalientes, es importante hacer una diferencia entre los términos,
mayormente usados en el cine, “Ciencia Ficción” y “Sci-Fi”. El segundo nace
como una apócope del primero (práctica frecuente del pueblo estadounidense),
pero en la actualidad ya no son la misma cosa. Sci-Fi es el espectáculo
cinematográfico de naves, planetas, extraterrestres y rayos láser tan propio de
filmes como Star Wars, Escape de Nueva York, Viaje a las estrellas o
Transformers, donde el avance tecnológico sólo es un elemento para adornar una
historia de aventuras tradicional, o de caballeros, espadas y princesas, en
tanto que Ciencia Ficción se refiere a la relación del ser humano con este
avance tecnológico, es decir que traza algunas cuestiones filosóficas,
sociológicas o psicológicas. Es más propio de películas como 2001: Una odisea en
el espacio, La luna, Alien (la primera), Blade Runner, La naranja mecánica, El
dormilón o Cuando el destino nos alcance. Todas estas películas plantean
cuestiones que van más allá del espectáculo cinematográfico de peleas y efectos
especiales, y es precisamente este cuestionamiento el que se halla siempre
presente en la obra de Bradbury.
Crónicas marcianas puede ser visto como
una novela o como un conjunto de cuentos. El eje temático es la colonización
del planeta Marte realizada por el hombre. A lo largo de los relatos se
construye la historia de un largo periodo de tiempo, desde que los primeros
cohetes comenzaron a volar, pasando por la llegada al planeta rojo, los
primeros encuentros con los marcianos, su posterior exterminio, y finaliza con
la decadencia del ser humano, que hace del planeta Marte una versión idéntica
de la Tierra, con su intolerancia, sus guerras, sus poblaciones suburbanas y
sus conflictos raciales. La Ciencia Ficción no es un género que trate acerca
del futuro, aunque lo parezca, sino acerca del pasado cercano y el presente. El
retrato que el autor hace de la sociedad futura es el retrato de la sociedad
presente, sólo ha cambiado el escenario, aunque el hombre se empeña en hacer
que todos los escenarios nuevos terminen por parecerse demasiado a los ya
conocidos.
Pero Bradbury no sólo abordó la Ciencia
Ficción, a lo largo de su obra, fantástica o realista, también policiaca, hay
una constante sensibilidad alrededor de la escritura, interés que comenzó en él
desde la infancia. Incluso en sus últimos días, su actividad favorita era
escribir, ya fuera en sus diarios, o en un cuento, una novela, o bien un poema.
Que la obra de este genial autor, Ray Bradbury,
nos sirva de inspiración, que nos enseñe algo de nosotros mismos, y ese
aprendizaje nos permita rectificar el rumbo.
Me sentía limpio, puro y sagrado. Pero al colgar el teléfono, cuando Dulce Voz se retiró, me invadió una tenue melancolía, que crecía con cada pulsación de mi cabeza.
Me levanté y encendí la luz. Miré mi rostro embarrado en la ventana. Ya no era tan joven, los años solitarios colgaban de mis ojos como sombras abatidas. La curva de mi boca indicaba malestar y tristeza, tantas noches en silencio, todas esas tardes de autobuses y taxis y periódicos sin interés.
Puse mis manos en mi estómago: años de comidas de soltero lo habían dejado así. Mi sexo, decaído, víctima del tedio y la inmovilidad. Sólo mi mente se hallaba activa. Una maraña de pensamientos funestos se debatía, día y noche, sin tregua, sin tregua, sin tregua. Excepto cuando escuchaba a Dulce Voz.
Pero Dulce Voz había callado y la noche sería larga. Y ya sabía entonces lo que haría para matar el tiempo y tratar de hacerle lo mismo a la melancolía.
A las cuatro botellas ya estaba tan perdido en el laberinto de ideas oscuras que lo único que pude hacer fue enredarme en el teléfono y marcar. Dulce Voz contestó, como de costumbre: