octubre 01, 2011

dos poemas dos




-->
. . .

Zapato rojo de tacón alto

Lata de cerveza apachurrada

Colillas de cigarro

Corbata

Hojas de periódico revoloteando inmóviles

Charco

Coladera

Torreta de patrulla

Pistola

Sangre en el pavimento

Pedacitos de vidrio

Alianza
__________________________________
Suave sonrisa que invita al placer nocturno,
A descubrir lo que se oculta debajo de ella,
Tras los pliegues de tela. Mi cuerpo taciturno
Te busca entre el deseo, esperando la faena

Que entre las sábanas se lleva a cabo.
Curvatura de tu cuerpo, paisaje erótico
De vaivenes y cadencias, que yo grabo
En mi cuerpo caliente. Templo gótico

Donde se efectúa el ritual de la piel,
La penetración, sin tregua ni cuartel,
En que los cuerpos se funden en uno,

En que tus labios se vuelven el mundo,
En que bebemos nuestros besos de aguamiel,
En que mi espada conquistadora enfundo.

***

Geometría de esferas tu piel,
Laberinto del cual ser Minotauro y Teseo
Entregados al mismo deseo
Al hilo de una Ariadna fiel

Paisaje de placeres ocultos
La carne que a mi carne atrae
A tu abrazo mi cuerpo cae
Y mi sexo en tu interior sepulto

Bebiendo de tu caja de Pandora
Me veo, durmiendo en tu pecho suave
Después de penetrar la noche grave
Entregado mi sexo que te adora

Ignoro qué depara el fin de la noche
Qué luz traerá el nuevo día
Dolor que desenamoraría
Incluso al mínimo reproche

Lo que sé con toda certidumbre
Es lo inextinguible de este deseo
Estas ganas de ti que parafraseo
En el lenguaje eterno de tu lumbre

Tu cuerpo será el lienzo de mi poesía
Narraré la historia de tus gemidos
De placer, de gozo, no reprimidos
Cuando con fuerza viril te embestía

Estas rimas a mí déjamelas
Tu abre la boca y recibe mi sexo
Dejemos los sinsabores inconexos
Tus piernas y caderas, dámelas
 



Aquel cuerpo

Hay tristeza en la mirada de aquel cuerpo
Como el tiempo que fallece inexorable
En las noches del verano petulante
Donde el goce del amor hoy yace muerto

Hay penumbra en la mirada de esa sombra
Que se llama como tú, y que en la tarde
Cuando el viento ajeno muerde y la piel arde
Y la inmóvil soledad ya no te asombra

De tu boca sólo quedan dos suspiros
Dos respiros de tus besos, bella loca
Que me obligan a buscar nuevos caminos

Que me obligan a encontrar nuevos senderos
Y mi cuerpo duerme en su cama de roca
Esperando un día encontrarte en sus terrenos


-->
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

septiembre 15, 2011

Unknown Soldier, según Joshua Dysart





En sus casi veinte años de existencia, Vertigo ha publicado una buena cantidad de cómics (perdón, quise decir: novelas gráficas) de guerra, casi todos ellos, propositivos e inteligentes, y críticos del status quo, la cultura y la economía bélicas de los Estados Unidos y otras naciones históricamente pendencieras. Ahí están los varios War Story y la miniserie Unknown Soldier, ambos de Garth Ennis, Army@Love de Rick Veitch, en sus dos hilarantes y feroces temporadas, el olvidable Haunted Tank de Frank Marrafino (relato demasiado republicano y pro-americano para mi gusto), Jason Aaron con The Other Side (que además critica ligeramente la postura de DC Cómics ante la guerra, mediante sus títulos clásicos del tema), DMZ de Brian Wood, e incluso otros como The Losers de Andy Diggle y Y the Last Man o Pride of Baghdad de Brian K. Vaughan.

En diciembre de 2008, debuta una nueva versión del conocido Unknown Soldier, esta vez de la mano de Joshua Dysart. Y ahora, ante la inminente cancelación de este título, uno se pregunta por qué un cómic tan bueno no tuvo mejores ventas.

En breve, se trata de uno de los mejores cómics (no sólo de guerra) de la historia. Pero quiero que se tome en cuenta que los elogios no son gratuitos, pues en verdad el título cumple con todos los méritos necesarios para recibirlos. El arte de Alberto Ponticelli, la paleta de colores de Oscar Celestini, y sobre todo, los guiones y caracterizaciones de Joshua Dysart, son sencillamente perfectos, no se puede pedir más a un cómic.

El apartado visual no sólo cumple con su papel de representar en imágenes las acciones que ocurren dentro del relato, van más allá de eso y narran su propia historia, ligada claro está a la historia principal (el guión de Dysart), pero aportando más de lo que suele esperarse del arte en los cómics. El dibujo y los colores crean la atmósfera adecuada para cada historia. A veces melancólico, a veces depresivo, no tiene nada que ver con el arte, si nos atrevemos a llamarle así, que uno encuentra en el típico cómic de superhéroes.

La emoción y la acción dentro de Unknown Soldier bastarían por sí mismas para hacer del título un gran thriller de guerra, pero ese aspecto queda en segundo lugar cuando se toma en cuenta que la auténtica relevancia del título radica en su postura política, que nos dice algo de veras importante para nuestro mundo en la actualidad. Además, ya hay demasiados thrillers y novelas negras publicadas por Vertigo.

Los guiones de Dysart pasan de la tristeza a la violencia, de la soledad a la esperanza, y se van enriqueciendo constantemente con toda clase de matices. Por momentos, Unknown Soldier se convierte en un cómic de horror (baste recordar la escena del rinoceronte en el número 16, donde no se sabe si el animal es real, si es una alucinación del doctor o si se trata de un espíritu de la selva o un demonio), pero hasta esos breves instantes están ahí para enriquecer el relato, no para distraernos de él, pues todos esos detalles jugarán un papel importante durante los últimos capítulos.

Algunas semanas después de anunciarse la cancelación del título, tuve la oportunidad, mediante el Facebook, de platicar con el autor, Joshua Dysart, quien además, demostró ser un caballero a carta cabal. Él me dijo que con Unknown Soldier trató “de hacer algo que tuviera un valor más grande que su valor comercial”; ya antes, Garth Ennis había dicho: “Una historia valiente, que no tiene miedo de confrontar algunas horribles verdades sobre el mundo en que vivimos, Unknown Soldier de Joshua Dysart en su cómic que genuinamente importa”[1].

¿Pero qué es eso que hace tan especial a este título? Trataré de explicarlo brevemente, pero sería mejor que dejaras de leer esto ahora mismo y fueras a conseguir una copia del primer tomo recopilatorio, “Haunted House”, que conforma el primer arco argumental de la obra.

Veo que sigues aquí. Bien, entonces te diré de qué se trata este Unknown Soldier.

El protagonista es el doctor Lwanga Moses, proveniente de Uganda, graduado en Estados Unidos. Pronto, Moses y su esposa, llamada Sera, se marchan de vuelta a Uganda para tratar de ayudar a su pueblo desde el interior. Después de un incidente (no les contaré más detalles aquí), Moses queda con el rostro desfigurado, y se ve obligado a usar vendas (una modernización del diseño clásico del Unknown Soldier original), y decide convertirse en lo que él cree que necesita su país, un soldado que luche por las razones correctas, no por dinero, poder o fama, no por fanatismo religioso o político, no por amor a la guerra, sino por odio a ella.

Desde el primer número queda patente que Unknown Soldier no se basará en la acción y la violencia, aunque ambas estén presentes en cada capítulo, pues el quid del relato será la puesta en escena de las atrocidades cometidas por el hombre contra el hombre (secuestro, reclutamiento y violaciones de niños, miles de expatriados que al no ser oficialmente refugiados—por no haber atravesado las fronteras de su país—no tienen los mismos derechos según las leyes internacionales), una crítica feroz contra las instituciones internacionales que se colocan en la posición de salvadores (estrellas de cine que crean fundaciones para ayudar a las naciones pobres, la intervención de la propia ONU y sus fuerzas “pacificadoras” equipadas con rifles y tanques), un enérgico pronunciamiento de la necesidad de que las naciones soberanas permanezcan así, soberanas, y que resuelvan sus conflictos internos ellas mismas sin la intervención de policías mundiales, naciones mesiánicas ni otras organizaciones (Moses decide hacer la guerra contra aquellos que dentro de su nación están destruyendo a la misma, sin seguir las órdenes de ningún líder que pudiera tener intereses personales en tal guerra, sin que importe mucho si se trata de miembros del ejército de Uganda, de los rebeldes, o de algún oportunista), y las preguntas de si existe una manera más rápida de terminar esta guerra, y si ciertas situaciones requieren el uso de la violencia, como la está usando Moses (su objetivo es matar a Jospeh Kony, líder del Ejército de Resistencia del Señor—LRA por sus siglas en inglés—un ejército de fanáticos religiosos que emplea niños como soldados; ambos, Kony y el LRA son reales, como lo es también Yoweri Museveni, Presidente de Uganda, y toda la guerra que tiene a Uganda sumida en la miseria y muchos de los personajes que aparecen representados o mencionados en el cómic). Al hacer esto, Moses cambia todo el concepto de “guerra”; ya no se trata de pelear la guerra de otros, sino la propia (la que uno se apropia), y es una enorme lección para todos sus lectores (que no deben ser muchos, tomando en cuenta que el título sólo se publicó durante dos años).

Sin temor a equivocarme, esta versión de Unknown Soldier es el equivalente para esta década (2001-2010), a Transmetropolitan de Warren Ellis y The Invisibles de Grant Morrison para los noventa, y Watchmen y V for Vendetta de Alan Moore para los ochenta. Los cinco son títulos de enorme relevancia tanto para el mundo de los cómics en particular, como para las artes en general. Todos ellos plantean preguntas importantes, sugieren formas particulares de libertad, y ponen en discusión la situación del hombre ante los gobiernos y sus ejércitos y policías.


[1] Ver Unknown Soldier #1, diciembre de 2008.


Creative Commons License

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

agosto 22, 2011

Letras de Maya

Letras de Maya




Maya comenzó a redactar:

/'pje/, /pi'e/, /'pie/
“Me pregunto”, pensó mientras mordisqueaba las viejas marcas de dientes sobre el lápiz HB, “cuántas veces se usará la palabra pié en la lengua española”.

Aunque le gustaba la gramática, pensaba que la fonología era un poco boba, “con razón le gusta tanto a Érica”. Érica era la profesora de gramática, una mujer más joven que Maya, “tendrá unos veintiséis”. ¿Y qué podía tener que ver un diapasón y un osciloscopio con las palabras? ¿Acaso la gramática se parece a la afinación de un piano o a un mp3 en el Winamp?

Volvió a la hoja:

¡Qué tontería! Mi nombre, ¿cómo será mi nombre? ¿/'maλa/? A lo mejor, pero tanta incertidumbre me da dolor de cabeza, de núcleo y de coda.
Cuando vio lo que había escrito, arrancó la hoja del cuaderno y la hizo una bola, que arrojó fuera del cesto de la basura. No le gustaba desperdiciar papel, no le gustaba la tala de árboles excesiva, pero si mil árboles contrarrestan la podredumbre de a penas cuatro coches al año, ya podía considerársele a todo intento de reforestación, una batalla perdida. Necesitas más de cincuenta mil árboles para atacar lo de doscientos cincuenta y seis coches. Además, también había que pensar en las familias que dependían del trabajo de los taladores, la economía no estaba para ir abandonando trabajos así como así.

Decidió que no podía pensar con el estómago vacío y se fue corriendo a la cocina, esquivando por nada la puerta floja de la alacena, y para qué, para descubrir que sus reservas de helado de chocolate habían desaparecido misteriosamente. No podía ser Azucena, “está a dieta”. Sólo había una posible respuesta, pero era mejor no pensar en eso o podrían generarse algunos kilos de culpa extra, y “la culpa la hace a una verse menos bonita. No hay que perder la clase”.

Se calzó sus botas rosas (sin atarse los cordones blancos grises) y se echó una sudadera verde encima. En la tienda de conveniencia se encontró a Marquitos. Maya pensó: “/mar'kitos/”. Le dio un beso en la mejilla. Tomó un bote de litro y medio (producto tipo helado con sabor a chocolate, ingredientes: manteca vegetal, colorante y saborizante; nada de helado ni de chocolate, pero estaba bueno) y lo pagó.

—Maya —dijo Marquitos, y lo pronunció “masha”. Marquitos fue criado a partes iguales en Azul, Buenos Aires y en Iguala, Guerreo, lo cual explicaba muchas cosas además de su forma de hablar—. ¿Vas a mi casa mañana a la tarde a ver movies?

La última vez que Maya fue a casa de Marquitos “a la tarde a ver movies” terminaron revolcándose en el suelo, con los sensuales fraseos y gemidos de Andy Lau y la sabrosa Jane March como banda sonora. Fue divertido, y le gustaría repetirlo…

—No puedo —contestó ella, jugueteando con los cordones de la capucha.

…pero había mucha tarea de gramática que terminar (y que comenzar, por supuesto), helado que beber y estupideces que pensar.

Se despidió del muchacho (cinco años menor que ella), y al entrar a su casa puso un disco de los Gene Loves Jezebel (en modo shuffle, por supuesto), se puso a darle a la bailada buena (wonderful rockabilly girls) y se despojó del exceso de ropa. Cuando terminó la segunda canción, estaba exhausta.

Entre gemidos, suspiros y bostezos cansinos, regresó al escritorio. Puso una hoja limpia sobre él, deslizó el lápiz sobre el papel mirando unos guantes de colores que había sobre la lámpara.

Cuando Esteban sonríe parece que mi corazón se hace más grande
Si tan sólo pudiera dejar ir a ese pobre chico
Cuerpo flaco Cuerpo flaco


¿Hace cuánto que no te enamoras? No me refiero a esas noches o a esos días que se prestan o regalan para ir a ningún lado, o quedarse en la cama o en el suelo. Me refiero a esa sensación que se manifiesta en el cuerpo, en las vísceras, que provoca que una persona, una sonrisa, un nombre, una cabellera, unos zapatos sucios ronden tus pensamientos. Me refiero a eso que hace que sonrías como si no existiera la muerte cada vez que esa persona o esa sonrisa te dicen alguna cosa.

Maya creía que no creía en el amor. Pero las letras traicionan, muestran verdades desconocidas, revelan mentiras y deseos. No se puede luchar contra la verdad que insiste en mostrarse en todo su descarnado salvajismo.

—Could it be you don’t spend enough time with me —canturreó Maya con esa voz como de Eva O. sin talento que la hacía sentirse avergonzada cuando tenía que hablar en público, que secretamente la enorgullecía cuando se ponía a cantar en la soledad de su casa— Could it be you don’t spend enough time with me.

Pero, y esto era el quid del asunto, ¿se atrevería a ponerle nombre a ese alguien, a esa sonrisa, a esos zapatos viejos de suela de goma? ¿Podría usar su maltrecho lápiz para escribir tan ansiado nombre?

J.A.

“Quiero un novio como J.A.”, pensó. “/λei'aston/, ¿o debería separarlos?” Pero aunque no en el papel, es su mente quedó inscripto un nombre: Julio. Y se necesitaría mucho valor para salir al mundo y decir “Julio” en voz alta. Tal vez podía ensayar con algún pequeño ejercicio:

—Julio, agosto, septiembre.

¿Podría hacerlo en la calle?

χχ=θ
♀+♂=☺

use mis palabras al sol, para que se sequen
y qué joda con los sintagmas y con la menstruación

¿/‘ma∫a/?


Probablemente no, pero entretanto no le llegara la valentía, aún tenía que terminar su tarea.

Leyó: “la fonética estudia los sonidos reales que pronunciamos, es decir, los fonos, que son más numerosos que los fonemas”, y lo que leyó no significaba nada. ¿Qué podía significar cualquier cosa cuando se compara con el amor?

“O con la muerte.”

Cuando el poeta Sicilia, tras el asesinato de su hijo, decidió dejar de escribir poesía, algunos no lo entendieron, “pero yo sí lo entiendo; mientras todo está en calma creemos que hay cosas importantes, como la poesía o la gramática, pero la calma es un espejismo, cuando algo verdaderamente importante ocurre la poesía y la gramática se muestran como son, meros pasatiempos, juguetes de letras para no aburrirse mientras llega el fin. Sirven igual que una buena sopa de letras con limón y una tortilla. Yo no sé nada de poesía; sólo he leído Trilce y En la masmédula(1), aunque no entendí ni iota, pero sí sé algo: hay cosas más importantes”.

Maya hizo otra pelota de papel, la arrojó al cesto y obtuvo tres puntos. Salió a la calle en busca de Marquitos, que seguía perdiendo el tiempo en la esquina.

—¿Vamos a tu casa a ver una película?



(1) Nota del narrador: Trilce es un libro de poesía bastante nihilista de un sujeto llamado César Vallejo, y En la masmédula es un libro insensato de un tipejo bastante genial conocido como Oliverio Girondo, a los que todos admiramos y respetamos. Son tan buenos ambos libros que he pesado ponerle a mi hija el nombre de Trilce Masmédula, y si nuestra heroína no entiende, como afirma, ni uno ni otro libro, es porque no comparte los mismos códigos que sus autores, pero eso es meternos en lingüística, y éste no es un curso ni un texto didáctico, es un cuento, un texto, como dice ella, para divertirse en lo que se mueren. Me alegro de ser una invención, yo nunca moriré. Pobres de ustedes. En fin, también les aconsejo que lean Altazor de Vicente Huidobro, la poesía completa de Rosario Castellanos, Nostalgia de la muerte de Xavier Villaurrutia, Muerte de Narciso, de José Lezama Lima, Muerte sin fin de José Gorostiza, y Swamp Thing de Alan Moore y Rick Veitch, aunque no tengan nada que ver con todo esto. ¡Ah! Lo olvidaba, el autor desea dedicar este cuento a Mariana Montiel.
Creative Commons License

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

agosto 12, 2011

Novedoso relato de amargura fortuita



Bird


Sábado


El sábado, Martín se despertó después de las once de la mañana. Desayunó choco-crispis, agarró su balón de básquet y se fue a la cancha a meter unas canastas. Pero la cancha estaba llena de niños, que jugaban soccer. Pinche futbol de mierda, pensó Martín, me cagan la madre todos los pinches pamboleros.

Pero en el fondo, Martín envidiaba a las personas como aquéllas, que lo pasaban bien con placeres simples y estúpidos, que no pensaban demasiado en nada, que tenían la cabeza y la vida un tanto vacías.

Martín se fue a su casa. Puso un disco de Bird y jugueteó un rato con su balón. Cuando se sintió aburrido, se fue a sentar, para escuchar a Bird con más atención. Diez minutos después, se había quedado dormido y su sábado había ido a parar a la mierda.



Creative Commons License

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

agosto 04, 2011

Un zoológico secreto: Aburrimiento




Aburrimiento


Ernesto Teodoro vivía inmerso en su rutina (trabajo, casa, cena/televisión, cama, y de vuelta).

Ese martes, mientras veía TV de Noche, admirando las tetas semicubiertas de Marisol, y se comía una pechuga empanizada con un jarrito de tamarindo, la ventana se abrió de golpe.

Ernesto Teodoro miró a su extraño visitante, mezcla de gato y perro, con algo de lagarto y de ratón, y dando un buen bocado a su pollo, volvió la mirada hacia la morena exótica de la tele.


Creative Commons License

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.