junio 06, 2012
Adiós al hombre ilustrado
abril 02, 2012
Muy novedoso cuento de hadas amorosas

Dulce Voz
Me sentía limpio, puro y sagrado. Pero al colgar el teléfono, cuando Dulce Voz se retiró, me invadió una tenue melancolía, que crecía con cada pulsación de mi cabeza.
Me levanté y encendí la luz. Miré mi rostro embarrado en la ventana. Ya no era tan joven, los años solitarios colgaban de mis ojos como sombras abatidas. La curva de mi boca indicaba malestar y tristeza, tantas noches en silencio, todas esas tardes de autobuses y taxis y periódicos sin interés.
Puse mis manos en mi estómago: años de comidas de soltero lo habían dejado así. Mi sexo, decaído, víctima del tedio y la inmovilidad. Sólo mi mente se hallaba activa. Una maraña de pensamientos funestos se debatía, día y noche, sin tregua, sin tregua, sin tregua. Excepto cuando escuchaba a Dulce Voz.
Pero Dulce Voz había callado y la noche sería larga. Y ya sabía entonces lo que haría para matar el tiempo y tratar de hacerle lo mismo a la melancolía.
A las cuatro botellas ya estaba tan perdido en el laberinto de ideas oscuras que lo único que pude hacer fue enredarme en el teléfono y marcar. Dulce Voz contestó, como de costumbre:
—Son/las/tres/veintisiete/de/la/mañana.
marzo 13, 2012
Mitología moderna: Cassandra I

Κασσάνδρα en la playa
And as I sit here on the sand,
This ocean makes me feel so small
Blackmore’s Night, Spirit of the Sea
Ellos la llaman loca, como a la griega. Yo la llamo Sandy. A veces su cabeza se llena de dolores y de imágenes, pero no son profecías, son sus sueños. Y yo soy uno de esos sueños, hecho de agua y arena y noche.
Sandy se tumba sobre la arena para contar estrellas. Una dos tres cien. Son más de las que podría contar en una noche, en una vida. Sandy se ha quedado dormida, el agua la arrulla con su canto y con sus caricias. Y aquí estoy, con los ojos depositados sobre el cuerpo de Sandy, con las manos depositadas sobre los muslos de Sandy, con el pulso y el aliento y el aroma. Sandy suspira en sueños, separa los labios ligeramente, dice algo que no alcanzo a escuchar. Su pecho baja y sube como las mareas. Nuestras vidas son las mareas, son los océanos.
Me atrevo a besarla, a sentirla, a dejarme sentir. Sólo soy el sueño de la fiebre de Sandy. Pero soy real. Aquí estoy. Este cuerpo me abraza. Este mismo cuerpo abraza a Sandy. Nuestro abrazo son cuatro. Sandy no despierta y dentro de ella misma duerme. La amo. Haremos el amor. Es inevitable, como lo es también que Troya haya sido invadida.
Nuestro hacer es playa y mar, es agua y arena, es sueño y vigilia, es cuerpo y espíritu. Sandy se mueve como pleamar, sin abrir los ojos. La media noche ha quedado atrás. Las estrellas han comenzado su éxodo. Me vierto en Sandy como una ola y el primer oleaje de la mañana sacude el cuerpo de Sandy, cubriéndola de sal y agua y arena. La luz traspasa el manto de mar y Sandy, en un estertor, despierta. Y ya me he ido.
febrero 28, 2012
El subterráneo de terciopelo I
First thing you learn is that you always gotta wait
(The Velvet Underground, Waiting for the man)
Llevábamos tres horas en el auto. No había duda de que la casa estuviera vacía. El aburrimiento nos llevó a hablar de cine. El nombre de Tod Browning surgió de quién sabe dónde, y nos molestaba demasiado no poder recordar cuál era su película más importante.
—¿No sería La momia? —repliqué, aunque sabía que tampoco era la respuesta correcta.
—Hmph. Lo tengo en la punta de la lengua.
Y como sea, ¿por qué estábamos ahí? ¿Quién era este señor Hernández al que teníamos que esperar?
—Y bueno, ¿quién es el tal señor Hernández?
—Un viejo socio del jefe —la respuesta tenía un tono de regaño, que significaba que era mejor dejar de hacer preguntas. Obedecí.
Fumé. Fumé de nuevo. Ni señor Hernández ni Tod Browning. Un poco de jazz en la radio, y demasiados comerciales. La cuarta hora dio paso a la quinta, y la casa seguía inmóvil.
—Necesito una cerveza —dije como si fuera un comentario casual. “El Rata” picó:
—No estaría mal.
—Vi una tienda no lejos de aquí. ¿Crees poder cuidar tú solo esta casota por unos minutos?
“El Rata” no contestó, sólo emitió un chasquido con la lengua, ordenándome así que no perdiera el tiempo.
El tendero era un hombre de cara redonda, ojos de loco y cabello relamido, negro como el ala de un cuervo. En su radio sonaba El lago de los cisnes. Todo ello me daba muy mala espina. Pagué las cervezas, papas fritas y goma de mascar. Tomé la bolsa y salí de ahí.
A pesar de la oscuridad, pude ver a “El Rata” de pie junto al auto. Y al caminar unos metros más, también logré distinguir el cuerpo que yacía junto a la reja de la casa. Hernández. Caminé rápido.
La pistola de “El Rata” aún humeaba. Tenía el rostro tranquilo de quien ha terminado el trabajo del día. Vi el cuerpo rechoncho del muerto y la sangre en el suelo, y (¡pero claro!) dije:
—Drácula. Con Bela Lugosi.
febrero 24, 2012
Inés: el Infierno en la Tierra
Inés, de 1995, aunque en 1975 ya existía como un cuento, puede considerarse una de sus novelas de la cúspide, la más alta cima, de la cual un solo paso más conduce a la irrevocable sima. Inés, cual sol de Ícaro, lleva al lector de lo más bajo a lo más alto, y no lo devuelve, lo deja caer.
¿Que cómo hay que leer Inés? Como obra de arte, como parte de la dialéctica interna de la autora, como chisme familiar que retrata su relación matrimonial con Octavio Paz. No he usado conjunciones para describir estas tres formas, porque no son tres formas separadas, en realidad no son tres formas sino una sola. No puede separarse a Elena Garro de Inés. Así que lea. Con los ojos abiertos. Con las ventanas de la nariz y los oídos abiertos. Como una narrativa de las correspondencias (aunque sólo sea por las analogías que hace la protagonista), Inés no sólo es literatura visual, también huele, a veces a cadáver, y también suena, como llanto y como grito y alarido de una entraña del subsuelo.
Es una novela realista. Y también es una novela de terror. Muy dura. Terror realista* Inés, conducida por unos fantoches llamados «Jesús y el Señor», penetra en los corredores del infierno, donde demonios se regocijan arrancándole la piel y la sangre, muy parecido a lo que ocurre en The hellbound heart, novela más representativa de Clive Barker, autor más representativo del physical horror, ese terror que no tiene nada de pesadillezco, sino de real, el terror de la sangre y de la carne, de la tortura y el dolor. Ese terror quizá doméstico que en este momento está sucediendo en la casa de junto o en la de enfrente.
"La virginal Inés es secuestrada por un círculo de malditos que ofician rituales de ignominia y crueldad", dice la contratapa (de la edición de 2008, por Joaquín Mortiz; la que representa la imagen de arriba). Satanismo sesentero, muy en la onda de Ira Levin y su Rosemary's baby (1967). Claro que a Rosemary no la intentaron matar, sólo manipular, convertirla en la fábrica de bebés de Satanás. Pero Inés es la víctima sin objeto, a menos que el objeto sea la crueldad por placer. Y si dios es amor, el Señor (que primero sólo es nombre, luego una presencia invisible, después un reflejo en un mueble pulido, y cuando adquiere cuerpo físico, es un hombre de negocios brutal, peor que el diablo), el señor Javier, como se llama, es odio puro, deseo absoluto de destruir y apoderarse de no importa quién. Poseerlos y devorarlos. "Destruir, exterminar y vengar".
Es la temática general de muchas de las obras más importantes de Elena Garro, ese feminismo que no es una cuestión de sexo (o género), sino de clase social. Hombres (y mujeres) ricos y poderosos que usan, abusan y destruyen a hombres (y mujeres) pobres e indefensos. Iba a poner "inocentes", pero hubiera mentido. No todas las víctimas de los villanos de Elena Garro son inocentes, pero tampoco puede decirse que sean culpables, merecedores del infortunio que les ha sido concedido como un don de Lucifer:
"--No, no, no, tú no conoces el mundo. Lo único que cuenta es el ¡dinero!, y como nosotros no tenemos una perra gorda, estamos jodidos".
La maldición es la pobreza. Elena Garro, feminista, no luchaba por la superioridad de las mujeres, sino por la igualdad económica, cultural, social, legal, del ser humano. Sus personajes generalmente son mujeres, porque era lo más inmediato para la autora. Porque ella, Elena, fue perseguida, humillada, ninguneada, destruída. Su obra, como denuncia y como lucha, no toma a la mujer como ideología, sino como ejemplo. Defiende a la mujer no del hombre, que está en las mismas condiciones de miseria, sino del poderoso, que la mayoría de las veces, no siempre, es hombre.
Inés muere, nada cambia. La ciudad de sombras pardas y rostros pálidos sigue ahí. Todo este infierno no ha sido más que el retrato de la vida cotidiana de los hombres pobres frente a las corporaciones y los hombres ricos. No hay nada de sobrenatural en esto. Pero todo esto es antinatural.
febrero 03, 2012
2011: Las lecturas
- Javier Raya. Ordalía (Leer reseña)
- José Agustín. La tumba
- René Avilés Fabila. La canción de Odette
- Luis Antonio de Villena. La felicidad y el suicidio
- Etgar Keret. Pizzería Kamikaze y otros relatos
- Adolfo Bioy Casares. La trama celeste (Impresiones sobre Paulina)
- Jasper Ridley. Tito
- Sigmund Freud. Más allá del principo del placer
- Rosario Castellanos. El eterno femenino
- Peter Milligan. The eaters
- Vicente Leñero. Los albañiles
- Rick Veitch. The big lie
- Alan Moore: The League of Extraordinary Gentlemen Century: 1969
- Joe Kubert. Yossel, april 19, 1943
- Allen Ginsberg. Kaddish
- Grant Morrison. The Invisibles
- Rafael Bernal. El complot mongol
- Elena Garro. La casa junto al río
- René Avilés Fabila. Antigua grandeza mexicana
- Albert Camus. La peste
- María Luisa Mendoza. De amor y lujo
- Peter Milligan. The Extremist
- Roland Wingfield. Viaje a Haití
- José Revueltas. Los errores
- Giovani Papini. Gog
- Huxley. Las puertas de la percepción
- E.T.A. Hoffmann. Vampirismo y otros cuentos
- Grant Morrison. The Filth
- Octavio Paz. Tiempo nublado
- Elena Garro. La semana de colores
- Fiodor Dostoievski. Memorias del subsuelo
- JG Ballard. Compañía de sueños ilimitada
- André Breton. Nadja



