noviembre 22, 2011

La oxidada maquinaria del amor

«Tu cuerpo ya no me produce placer alguno. En esta carta quiero deshacerme de ti. Tú eres lo que me ha destruido, no la soledad. La amarga leche del sol. Así es como te imaginé. Las tristes lágrimas de las estrellas. Así conjuré tu nombre. La oxidada maquinaria del amor. A esto se ha reducido todo lo que siempre había deseado, toda la felicidad que se quedó atascada en un engrane mal aceitado. Las amargas frutas del recuerdo. Pero no pienso probarlas nunca más. Yo no soy capaz de seguir viviendo bajo el mismo techo que tu cuerpo.»


El hombre que escribía así, dio un respiro y se secó las lágrimas. No es fácil reconocer que has dejado de amar al amor de tu vida. Pero cuando algo que se ha mantenido oculto, inconsciente durante tanto tiempo, salta de pronto a la vista, no hay marcha atrás; sólo quedan unos pocos caminos.


Ella, hacía varios meses que estaba muerta. Eso no importó para que él la siguiera amando. El amor no acaba con la aparición intempestiva de la muerte; crece. Y saca las garras para aferrarse con fiereza a la carne de su portador.


La ausencia del ser amado prolonga ese amor, lo alimenta. Su cuerpo yace sobre la cama, sin vida, sin movimiento, sólo cuerpo y nada más. Él lo mira y cada noche trata de amarlo con desesperación, pero ese cuerpo sólo es ausencia y silencio. Y así es mejor, porque cuando está vivo, el amor te desgasta, te succiona hasta la última gota de juventud y te vuelve viejo en pocos años.


Toma aquel cuerpo entre sus brazos y lo arrastra por la casa. Lo lleva al patio y cava un agujero, donde lo deposita. Y él cree que se ha liberado de él. Cansado, se va a dormir. Cuando abre los ojos, el cuerpo de su amante muerta lo abraza bajo las sábanas. La mira y la insulta, pero ella no escucha, ella ya hace un tiempo que está muerta. Y él se levanta, se acerca al escritorio lleno de hojas y manchas de tinta, y escribe. Alguna cosa sobre la oxidada maquinaria del amor, puros sinsentidos; sólo escribir y eso es todo. Y decide acabar de una vez por todas con esa insensatez. Cava agujeros por todo el patio, y sepulta los pedazos del cadáver, y lo encuentra remendado cada mañana, abrazándole, y él nunca recuerda lo que hace esas noches de insomnio frenético, cuando la fiebre juega en su cabeza. El óxido, supone, no sólo llegó a su corazón, también provocó un desajuste en su cerebro. Y en su alma, si existiera. ¿Existe el alma?


“¿Y si la devorara?”, pensó. Y preparó las salsas y las ollas. Trajo algo de pan, un poco de vino, sólo un poco, no es necesario perder la cabeza. Platos limpios, mesa cuidadosamente preparada, tulipanes en el florero lleno de agua fresca. Parecía la cena de una familia en su casa acogedora y amorosa, ante un delicioso fuego.


Despertó bañado en su vómito, abrazando la almohada manchada de sangre y vísceras mal digeridas, decidiéndose a terminar con todo de una vez y para siempre, sin saber exactamente qué tenía que hacer para conseguirlo.


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noviembre 19, 2011

Un zoológico secreto: Nancy


Nancy

—Te preguntarás por qué estoy cubierta de sangre. La verdad es que hay una razón muy simple: Maté al perro.


Fue en ese preciso instante, cuando me di cuenta de que Nancy estaba completamente loca: Nunca tuvimos un perro.



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noviembre 14, 2011

En sus manos está la lluvia



modelo: gabrielle ponce foto: allan

Killing time in the ´70s
Smelling of love thru´ the moist wind

–David Bowie, Bring me the disco king


Nunca conocí a mujer más hermosa y elegante que la señorita K. A veces, al bailar, me tomaba de las manos, y un frío recorría mi espalda. Un frío como agua, y supe que en las manos de la señorita K había lluvia.

Verla era ya un goce. Sus atuendos y su actitud, sus movimientos y gestos, su modo de sonreír y de quedarse inmóvil a media canción, como si recordara algo de pronto. Era como un cortometraje o como un videoclip. Cuando se quedaba inmóvil, yo la miraba, incapaz de decirle nada. Luego, ella me miraba, me regalaba esa sonrisa un poco triste y esa mirada que parecía antigua, y de nuevo tomaba mis manos entre sus manos, donde la lluvia está contenida, y reiniciaba su baile; a veces, me tomaba por la cintura o me rodeaba por el cuello con los brazos, y yo era feliz.

Algunas noches, me llamaba a casa, y platicábamos unos veinte minutos. Su voz era alegre y melancólica al mismo tiempo. Me hacía pensar en los niños que han dejado de serlo, en canciones de jóvenes ahora viejos, en épocas donde todo es bello y perfecto, ya perdidas para siempre. Porque yo sé que la señorita K nació en un momento equivocado, que su alma y su corazón laten en otro tiempo, en 1971, 72, 73, en un pasado que hoy ya parece demasiado remoto.

Y cuando ella baila y la lluvia está en sus manos, y se queda inmóvil y la lluvia para, yo sé que ella ya no está aquí del todo; que se ha marchado a pasar una breve temporada en aquella época de oro y plata y purpurina, donde puede vivir sus sueños.


Fue para Gabrielle Ponce

octubre 26, 2011

Hank


de nuevo estoy borracho

y sin un centavo

atorado bajo la cama

apostando por un caballo


... los gritos

los regaños

dónde diablos hay una salida

maldita puta vida

que me mata


dicen que la vida es muy importante

que sin ella estarías muerto

yo la tengo y estoy muerto


mis manos muertas

mi corazón muerto

silencio

...

eso es lo mejor


cómo quisiera ser una mosca


Fue para: Mago Desconocido



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octubre 25, 2011

-Cómo hacer-

-Cómo hacer-
Tanto-
Cómo-
...cómo-
Hablar-
Ningún lugar dentro del cuarto-
Algo debe-
Estrellar-
Romper-
Descansar-
[Ya]-
En paz-
Quiebra mis manos-
-Una vida-
Cómo hablar donde tú no oyes y yo-
Soy-
Invidente-
En el silencio-
Pensando-
Imaginando cómo decir nada-
-
Será que te amo

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octubre 23, 2011

Carta a Aeris

Recuerdo la primera vez que te vi. Usabas tu vestido rosa y unas botas marrón. Y llevabas tu canasta de flores. Era de noche. Se podía escuchar una música majestuosa y envolvente, acompañada de los ruidos del arrabal. Creí que mirabas el aparador, pero me acerqué y lo que contemplabas eran tus recuerdos. Tus enormes ojos azules, resplandecían con una calma triste que nunca volví a ver. Te pusiste de pie y te fuiste.

Recuerdo la segunda vez que te vi. Salí del tren sin saber dónde estaba. Unos chicos pasaron corriendo y tú caíste al suelo. Sacudiste tu vestido y me acerqué a ti. "¿Estás bien?", pregunté y compré una de tus flores.

Recuerdo la tercera vez que te vi. Tu cuidabas de una iglesia abandonada. "Las flores no crecen en los barrios", dijiste, "pero por alguna razón, no tienen problemas para crecer aquí". Supe que era tu alma quien las hacía crecer. Te llevé a tu casa, y junto a ti, contemplé el jardín.

Recuerdo la penúltima vez que te vi. Tú me buscaste para ir a la feria. Nunca olvidaré el viaje en góndola; tu mirada brillaba como la primera vez, pero la tristeza había desaparecido. Tomaste mi mano y regresamos. Entré a mi cuarto y te vi marcharte; y ahí estaba esa tristeza otra vez.

Recuerdo la última vez que te vi. Las lágrimas no me dejaban mirarte bien. Yacías fría, inmóvil en la cama de coral, tu rostro lleno de paz, y el mismo vestido rosa y esas botas marrón, pero nada de flores. Había música lenta y dolorosa. Te tomé en mis brazos y te llevé al estanque. Te dije adiós, mi llanto confundido con el agua. Y decidí que no seguiría adelante...

octubre 01, 2011

dos poemas dos




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. . .

Zapato rojo de tacón alto

Lata de cerveza apachurrada

Colillas de cigarro

Corbata

Hojas de periódico revoloteando inmóviles

Charco

Coladera

Torreta de patrulla

Pistola

Sangre en el pavimento

Pedacitos de vidrio

Alianza
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Suave sonrisa que invita al placer nocturno,
A descubrir lo que se oculta debajo de ella,
Tras los pliegues de tela. Mi cuerpo taciturno
Te busca entre el deseo, esperando la faena

Que entre las sábanas se lleva a cabo.
Curvatura de tu cuerpo, paisaje erótico
De vaivenes y cadencias, que yo grabo
En mi cuerpo caliente. Templo gótico

Donde se efectúa el ritual de la piel,
La penetración, sin tregua ni cuartel,
En que los cuerpos se funden en uno,

En que tus labios se vuelven el mundo,
En que bebemos nuestros besos de aguamiel,
En que mi espada conquistadora enfundo.

***

Geometría de esferas tu piel,
Laberinto del cual ser Minotauro y Teseo
Entregados al mismo deseo
Al hilo de una Ariadna fiel

Paisaje de placeres ocultos
La carne que a mi carne atrae
A tu abrazo mi cuerpo cae
Y mi sexo en tu interior sepulto

Bebiendo de tu caja de Pandora
Me veo, durmiendo en tu pecho suave
Después de penetrar la noche grave
Entregado mi sexo que te adora

Ignoro qué depara el fin de la noche
Qué luz traerá el nuevo día
Dolor que desenamoraría
Incluso al mínimo reproche

Lo que sé con toda certidumbre
Es lo inextinguible de este deseo
Estas ganas de ti que parafraseo
En el lenguaje eterno de tu lumbre

Tu cuerpo será el lienzo de mi poesía
Narraré la historia de tus gemidos
De placer, de gozo, no reprimidos
Cuando con fuerza viril te embestía

Estas rimas a mí déjamelas
Tu abre la boca y recibe mi sexo
Dejemos los sinsabores inconexos
Tus piernas y caderas, dámelas
 



Aquel cuerpo

Hay tristeza en la mirada de aquel cuerpo
Como el tiempo que fallece inexorable
En las noches del verano petulante
Donde el goce del amor hoy yace muerto

Hay penumbra en la mirada de esa sombra
Que se llama como tú, y que en la tarde
Cuando el viento ajeno muerde y la piel arde
Y la inmóvil soledad ya no te asombra

De tu boca sólo quedan dos suspiros
Dos respiros de tus besos, bella loca
Que me obligan a buscar nuevos caminos

Que me obligan a encontrar nuevos senderos
Y mi cuerpo duerme en su cama de roca
Esperando un día encontrarte en sus terrenos


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