agosto 07, 2013

Un zoológico secreto - Una araña



Una araña

 
Fui a leer al baño y una sombra se deslizó encima de la página 48, a la altura de las palabras “Café de Flore”. Miré a un lado y descubrí una araña que colgaba con un hilo pegado al techo, junto al foco. Sentí un ligero hormigueo en el cuerpo, esa sensación que se tiene cuando se miran bichos pequeños, como si toda una colonia de ellos caminara bajo la ropa. Como venganza, soplé contra la pequeña criatura, que al verse atacada emprendió la retirada hacia las alturas a toda prisa. La vi recuperar el aliento, arreglar un poco su tela y pasearse tambaleante por el azulejo, siempre a punto de caer. Volví a mi lectura, y de nuevo la pequeña sombra apareció sobre la página 48, “era necesario prolongar el milagro”. La ignoré por un momento, pues quería terminar el párrafo antes de mirar a otro lado. La encontré sobre el lavabo, parecía sorprendida de haber llegado a un lugar húmedo. Repetí mi agresión de antes, y el pequeño monstruo repitió su estrategia de escape. Me sentí nervioso. La sensación de insectos caminando debajo de mi piel era persistente. Me levanté, cerré el libro y lo dejé a un lado. Miré a la araña que trepaba usando su plateada cuerda y me pregunté por qué Spider-Man no lanza su tela por el culo. Un mosquito revoloteaba alrededor de la araña, y yo deseé que fuera capturado, envuelto y devorado. Tomé la escoba atrapé a la inquilina detestable, quien se aferró muy bien a la madera. Di un golpe y la araña comenzó a caminar sobre el piso. La aplasté con la bota.

agosto 01, 2013

Mínimos fantasmas | La cabeza de Johnny



Sebastiaán de Llanos Valdés. Cabeza cortada de Santa Catalina de Alejandría. 1652

Johnny sacó la cabeza y la observó con cariño. Mirarla siempre le causaba placer y tranquilidad. Cuando era niño, le dijo a su mamá: “Mami, te quiero tanto que quiero cortarte la cabeza para llevarla a todas partes”.

julio 07, 2013

Un minuto y un segundo de Joaquín



Un minuto y un segundo de Joaquín


Un minuto

Joaquín caminaba por la banqueta en el mismo sentido que el flujo de automóviles. Pensaba en el hambre que sentía desde hacía tres horas y sólo esperaba llegar a su casa. Era más rápido caminar que abordar un microbús, y también mucho más barato, se decía mientras intentaba apresurar el paso, pero la banqueta estaba llena y no era fácil esquivar a esas madres con carriolas o a esas parejas que caminaban lado a lado con lentitud de paquidermo.
            Pensó en comprar unos plátanos fritos, podía ser un buen tentempié en lo que llegaba a casa. Además, quería contarle a Rosa que le habían rechazado el proyecto para reducir costos en papelería y electricidad, allá ellos, pensaba, si quieren seguir malgastando recursos. Pero los jefes siempre creen tener la razón aunque sean unos imbéciles.
            Había demasiada gente, y encima esos chavos besándose y estorbando más de lo aceptable.
            —Compermiso —dijo Joaquín.
            —Pásele —respondió el muchacho.
            Joaquín pasó entre la pareja y una señora que esperaba el camión. Comenzaba a desesperarse y le pasó por la mente la idea de darle un codazo a la señora y bajarla de la banqueta. Pero pudo más su sentido común y se tragó su molestia. Pero había mucha gente y tenía prisa.
            Puso un pie en el arroyo vehicular…

Un segundo

El cuerpo de Joaquín yace inmóvil bajo las ruedas del microbús.

junio 15, 2013

La ciudad de las maravillas: Pinche payaso



Pinche payaso

 
Ese pinche payaso ya se merecía lo que se le vino encima. Se lo ganó a pulso por su forma de trabajar. Lo primero que hace es hablarle con cariño a un niño, una vez que el niño lo mira, el payaso saca un globo y lo infla rápidamente, lo moldea para que tome la forma de una espada o de una flor, según el sexo del pequeño (aunque a veces los listillos piden el que supuestamente le corresponde al otro sexo; son más listos que tú), y cuando el niño toma el globo, el payaso le dice:
     —Dile a tu papi o mami que sólo son diez pesos.
     ¡Hijo de su puta madre! Ningún papi y ninguna mami (de los de verdad, no de los que lo son por pendejos) quiere que sus hijos sufran, y en vez de decirle al pinche payaso que chingue a su madre, le ofrecen el dinero.
     Por eso me alegró mucho cuando el pinche payaso se quiso ligar a mi “amiga” Carmen. “Ella” le dijo que sí, se fueron al hotel y ahí, Carmen le mostró la sorpresa y el pinche payaso lleva ya dos días sin poder sentarse.

junio 14, 2013

Las fábulas del idiota - Paletas de cajeta


Foto robada de: chilango.com

Paletas de cajeta


El viejito abordó la unidad y comenzó a recitar su desanimado mantra:
     —Lleve sus paletas de cajeta, una, dos pesos, tres por cinco. Es la deliciosa paleta de caramelo macizo sabor cajeta…
     No vendió ni una sola. Llevaba todo el día abordando microbuses y camiones, pero nadie compraba sus paletas de cajeta. A nadie le gustaban. Lo peor del caso es que había  invertido todo su dinero en una bolsa de tres kilos, y si no vendía, no sabía qué iba a hacer.
     Quiso probar suerte en el metro, pero no había recorrido aún cuatro vagones (sin vender) cuando le cayó la mafia del DF, es decir, el GDF. Los agentes le pidieron entre empujones que se retirara y él lo hizo. El viejito se preguntó por qué no sacaban también a los demás vendedores, los que tenían la estación (Garibaldi, línea 8) convertida en un tianguis sobre ruedas. No conformes con vender sobre los pasillos que llevan al andén, habían colocado mesas y mostradores donde exhibían sus productos.
     Siguió abordando microbuses durante un rato, para intentar vender, aunque tenía pocas esperanzas, y también para acercarse a su casa. Con veinte pesos podría comprar un paquete de chicles y recuperarse en ventas. “No sé por qué compré estas paletas”.
     Comenzó a llover antes de llegar al paradero, hizo los últimos veinte minutos caminando. Es seguro que se va a enfermar y mañana no podrá salir a trabajar.